LA CARIDAD EN LA VIDA DEL P. MOISÉS LIRA SERAFÍN

 

                                                        Hna. Ma. Guadalupe Hernández Robles, MCMI

LA EXPRESIÓN DE LA CARIDAD DESDE LA PERSPECTIVA DEL PRÓXIMO

BEATO VENERABLE PADRE MOISÉS LIRA SERAFÍN

Introducción

Hablar de la expresión de la Caridad-Amor a Dios y a los hermanos en la vida y obra del Padre Moisés, quien será Beatificado el próximo 14 de septiembre del presente año, me lleva a pensarlo desde su niñez hasta su vida adulta, como una vida marcada por el Amor-Dolor, rasgo característico de la Espiritualidad de la Cruz.  En esta presentación me centraré en la vivencia de la caridad rasgo fundamental de su espiritualidad de Infancia Espiritual y de su testimonio de su apostolado.

1.     Definición del término Caridad

 El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: La Caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

Jesús hace de la Caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13,34).

Desde la Espiritualidad de la Cruz, Conchita Cabrera de Armida en su libro Vicios y Virtudes dice: La Caridad obra, trabaja, lucha, se comunica y no descansa en el alma que la posee; porque la Caridad es fuego activo que arde sin consumirse.

2.     La virtud de la Caridad vivida por el Padre Moisés

Hacia Dios

Pensar en cómo vivió la virtud de la Caridad el Padre Moisés, nuestro próximo Beato, me remonta a sus primeros años de vida en el seno familiar, donde después de la muerte de su madre, cuando apenas contaba cinco años de edad y que por ser el más pequeño, su padre y sus hermanos le prodigaron amor y toda clase de cuidados, aunque muy pronto comenzó su vida itinerante, ya que su padre era profesor de escuelas parroquiales y se desplazaba de una escuela a otra, pese a esto, Moisés fue un niño que se experimentó amado por su padre y hermanos y también se experimentó muy amado por Dios su Padre. El mismo siendo ya sacerdote comentaba:

“Una vez que mis hermanas me llevaron a la Parroquia a misa, recé un Padrenuestro con mucho fervor y confianza. Mi oración fue recompensada, pues yo relaciono el hecho de haber cogido tan fácilmente un conejito que vi en el campo cuando llevé a pastar una chivita que me regaló mi padre. ¡Me sentía tan contento en esa paz inalterable del campo!”

Esta experiencia vivida por Moisés siendo todavía muy pequeño, deja ver su amor y devoción a Dios “recé un Padrenuestro con mucho fervor y confianza” no se deja esperar la respuesta del Padre “mi oración fue recompensada…” finalmente viene el signo de los que aman a Dios, se viven en su paz, se viven felices “me sentía tan contento en esa paz inalterable del campo”.

Se distinguió desde muy temprana edad por su amor a la Eucaristía, él mismo relata: “Hice mi primera comunión en la parroquia de Amozoc yo solo, por no haberla hecho con mis compañeros del grupo de catecismo, pues interrumpí el ayuno eucarístico”; este acontecimiento deja ver el amor de predilección de Dios, que quiso que Moisés viviera este primer encuentro a solas con Él.

Al comenzar su vida itinerante, su padre Don Pedro Lira, era maestro en la escuela parroquial y Moisés que vivía en la casa parroquial, acolitaba las misas y después de comulgar se le veía en profundo recogimiento, actitud poco frecuente en un niño de su edad, lo que dejaba ver su profundo amor y respeto a Jesús presente en la Eucaristía.

Estando ya en casa de Petrita su bienhechora, viviendo al lado de la Iglesia de la Concordia en Puebla, que era atendida por los padre Filipenses y siendo el Superior de la comunidad el padre Vicente Sedeño, sobrino de Petrita, Moisés convivía mucho con ellos y se narra que  Moisés en la noche iba a la Iglesia ya a oscuras y ahí hacía su oración, a los pies del Sagrari.  

Estos hechos en la vida del próximo beato dejan en claro su gran amor a la Eucaristía, del que sin duda se desprendía su caridad con todas las personas a su alrededor. 

Un testimonio del padre Antonio Moreno, M.Sp.S  narra: El padre Moisés se pasaba mucho tiempo en la oración. Él estaba convencido: “ante todo contemplativo”, como decía el padre Félix. Era un hombre muy unido a Dios.

La unión con Dios fue un tema muy frecuente en las pláticas, ejercicios y en la dirección espiritual del padre Moisés, invitaba a las personas a vivir siempre muy unidas a nuestro Señor, bajo su mirada amorosa.

Hacia el prójimo

En una de sus cartas al padre Félix escribe: “Las almas, las amo con un amor inmenso porque Jesús se apasionó por ellas, pero con mucha pureza, con mucho Cristo. Cuando las trato, las veo como imágenes de la Trinidad, como templos de Dios, como esposas del Cordero Inmaculado, es decir, las trato con luz. Y de ahí viene la delicadez, la prudencia, la paciencia con que las trato”.

Las personas que lo conocieron, que lo trataron, realmente se sintieron amadas, respetadas y que de verdad se interesaba por ellas, las escuchaba, orientaba y siempre las conducía a Dios, después de una conversación con él, se sentían en paz y con un amor más grande a Dios.

El padre Rafael López, M.Sp.S decía de él, que era el hombre de caridad, porque trataba a todos con delicadeza, con amabilidad, sabía darle su lugar a cada persona, no hacía distinciones, trataba a todos por igual.

El padre Manuel Hernández testifica que al llegar ellos que fueron el primer grupo numeroso de novicios, en noviembre de 1917, hacía en Tlalpan un frío terrible. Se procuró que todos tuvieran el debido abrigo por la noche, como a los dos meses, se dieron cuenta de que el hermano Moisés, para que ellos tuvieran suficientes cobijas, se había quedado con pura sábana… dos meses de frío!  El padre Moisés era muy apostólico, muy amante de los niños, se sentía entre ellos como si fuera niño, jugaba con ellos, los acariciaba, tenía un grande interés por sus almas, les organizó el catecismo, los instruía en la religión y en la liturgia, de manera especial a los acólitos.

El padre Salvador Sánchez expresó: “El amor que el padre Moisés manifestó a los niños, considerándolo bien, veo que aquel cariño que les tenía era consecuencia de su espíritu de Infancia Espiritual, no cabe duda”.

Tuvo una caridad muy grande con los sacerdotes, con frecuencia acogía en la comunidad del Templo de la Cruz en Morelia, a sacerdotes y diáconos para predicarles Ejercicios Espirituales. Los acogía a todos, a los jóvenes y a los mayores, pero tenía predilección por los sacerdotes ancianos. El Templo de la Cruz tenía fama de Casa Sacerdotal.

El doctor Falcón, médico psiquiatra comenta: “Tuvo también un cariño muy especial por los enfermos neuropsiquiátricos, platicaba con ellos con gran interés, con ternura, siempre les daba un consuelo, una palabra afectuosa; comprendía sus problemas, los discutía a veces conmigo”.

Sin duda esto de entablar conversación con los pacientes psiquiátricos, deja ver su calidad humana, para él, todos eran hijos muy amados de Dios y tenía una especial predilección por los pobres, los enfermos y los que a los ojos del mundo no cuentan, o son una carga.

Hay un testimonio de una persona que dice que el padre Moisés tuvo un amor muy especial por los pobres, en Celaya organizó el catecismo entre las familias pobres de las afueras de la ciudad. Ejerció la confesión y dirección espiritual con mucha caridad, atendía a todo tipo de personas, niños, jóvenes, hombres, mujeres, religiosas, sacerdotes, personas de alta sociedad y personas de clase humilde. Se interesaba por cada persona. 

Una de sus dirigidas dice: “Celebraba la santa misa con mucha unción, con tanto recogimiento que, fomentaba en uno la devoción. Al celebrar, tenía mucho fervor y comunicaba ese amor a Dios que se veía en él, con lo que aumentaba nuestra fe”.

Era mártir del confesionario, así dice el hermano Luis Ramos Damián, quien convivió con él. Fue apóstol de la bondad y de la caridad, su amor a Dios lo llevó a un compromiso solidario con los más necesitado, por ejemplo, visitaba enfermos, en una  ocasión se contagió de viruela negra y estuvo al borde de la muerte; visitaba a los presos, fue un gran promotor vocacional y Director de la Alianza de Amor. Su amor por la humanidad lo llevó a entregar la vida

3.     Cómo transmitió esta virtud

En primer lugar enseñó esta virtud con su testimonio de vida, su persona dejaba traslucir a Dios. Uno de los testigos narra: Nos decía que la verdadera alegría está en amar a Dios y sufrir por Él. […] Cuando lo veía en oración, se veía en él que era hombre de oración, realmente contemplativo, muy espiritual. […] Tenía una vida de oración que se reflejaba en su celebración Eucarística. El P. Moisés fue una persona de profunda vida interior y de un inmenso amor a la Cruz. Con esta disposición de buscar en todo la voluntad de Dios y con el testimonio de su vida sencilla, nos invita y nos enseña a dar al Padre una respuesta filial, amándolo más y más para complacerlo, como Jesús».

Además «Se distinguió por el amor filial a Dios Padre; el amor a Jesús Sacerdote y Víctima, tratando de imitar su obediencia plena y constante a la voluntad del Divino Padre. Este aspecto lo selló con el voto de abandono filial al Padre celestial. Además, Dios le concedió la comprensión del espíritu evangélico de infancia espiritual. Destacó en la sencillez, en la humildad y en la alegría».

En la dirección espiritual insistía mucho en vivir en la presencia de Dios en la vida ordinaria, en verdad enamoraba a las almas de Dios. Termino con este pensamiento de nuestro próximo Beato: En todos los detalles de su vida, aun en los más insignificantes, ante todo, ved a Jesús. Como se los he dicho mil veces, Jesús fue un Hombre de Dios y ustedes ante todo y primero que todo deben ser almas de Dios. En todos los detalles, aun en los más insignificantes, deben obrar como almas de Dios [...] que todas sus obras vayan a Dios; ésta debe ser su gran preocupación. Cuando no hay Dios, no hay ideal y yo no las quiero sin ideal.

4.     Cómo vivir hoy la Caridad y cómo crecer en esta virtud

 Ante la ausencia de Dios en la sociedad actual, ausencia de Dios en las familias, el relativismo: el P. Moisés nos enseña a vivir referenciados hacia Dios… mediante la práctica, tan querida y enseñada por el P. Félix de Jesús… y que él hizo suya… esta práctica es la atención amorosa a Dios… aprender a ver a Dios en los pequeños detalles de la vida, en las necesidades de las personas, en las dificultades, en la realidad. Para ello, le ayudó y enseñó que para tener a Dios y estar con Dios es necesario el silencio del corazón… y es en el corazón donde nos encontramos con Dios. Hoy necesitamos recuperar tiempos de silencio… y tiempos para la oración.

 Ante una sociedad individualista, indiferente hacia los demás, el P. Moisés nos dice: a las almas las amo con un amor inmenso porque Jesús se apasionó por ellas.  Lo que debe movernos para amar al prójimo son las actitudes de Jesús que nos enseñan a hacer el bien, a preocuparnos por los demás al grado de dar la vida por ellos, el P. Moisés manifiesta un amor puro, sencillo, generoso y fraterno, porque el amor al prójimo brota del amor a Jesús.

Ante una sociedad donde se vive y se promueve la cultura de la muerte: aborto, eutanasia, suicidio, depresión, donde el que vale es el que tiene prestigio, quien tiene poder, dinero, el P. Moisés nos deja el testimonio de un trato delicado, prudente, paciente, bondadoso, quería dar respuesta a toda necesidad, fue un hombre sensible al sufrimiento, su propuesta es que la vivencia de pequeñez espiritual (ser hijos humildes, sencillos, pequeños) esta cimentada en la experiencia de un Dios que es Padre de todos y de ahí su deseo de hacer la caridad en todas sus formas viviendo como hermanos e hijos de un mismo Padre. Expresó: Me siento con un corazón muy grande para encerrar a todo el mundo, es decir, quisiera remediar todos mal, con una inmensa caridad.   

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