Apostolado fecundo en Celaya
MI CORAZÓN ESTÁ EN CELAYA
BEATO MOISÉS LIRA SERAFÍN, M.Sp.S
Fundador de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada
LA OBEDIENCIA LO CONDUCE A CELAYA…
Fundación en Celaya
Atención al Templo expiatorio de la Merced.
Los Sacerdotes Mercedarios con la persecución religiosa fueron desterrados de México. Mons. Luis Ma. Martínez contando con la aprobación de Mons. Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia, solicitó al P. Félix la Fundación de los Misioneros del Espíritu Santo. Desde su destierro escribe Mons. Leopoldo Ruiz: Considero una bendición muy especial para la ciudad de Celaya la fundación, quiera Dios por intercesión de María Inmaculada bendecir los trabajos apostólicos de los Misioneros del Espíritu Santo.
Entre los miembros de la nueva comunidad viene el ahora Beato Moisés Lira Serafín. Con estas palabras el P. Félix le da su cambio: La Santísima Virgen lo necesita en Celaya como Vice-Superior de esa nueva casa.
El P. Moisés se caracterizó por una obediencia heroica: «Basta una sola palabra para irme al momento». Se puso a disposición de su nuevo Superior, el P. Domingo Martínez.
Este cambio a Celaya fue una prueba para el P. Moisés, ya que a dos años de haber fundado la Congregación de Misioneras de la Caridad de María Inmaculada en la Ciudad de México no podía ocuparse de ella, visitar a las Hermanas y ver cómo se iba consolidando, el medio de acompañamiento a la congregación fue mediante la correspondencia en la que comunicaba los principios de la formación en el carisma, la espiritualidad y el estilo de vida propio que deseaba configurara a la congregación.
A sus hijas las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada les escribe: Ustedes y yo buscamos sólo complacer a Jesús, ser unos niños para con Él, nos ocupamos de amarlo y hacer por tenerlo contento con nuestros pequeños sacrificios… pienso mucho en Ustedes, las encomiendo muy de corazón a Jesús. Todos los días le repito: Señor, tus Casitas, son muy tuyas y muy tuyas.
…Quiero que formen parte de la legión de almas pequeñas (Teresita de Lisieux) y salven al mundo por la caridad.
Con gran sentido del humor les dice: Estoy muy contento, no por la cajeta de Celaya, sino porque Jesús me tiene como Él quiere.
Carta al P. Félix
Las siguientes palabras muestran el sufrimiento que le causó ese cambio: no me siento con luz, con calma, me siento aturdido, en los cambios se sufre y no es raro, pero yo sé que todo es voluntad de Dios nuestro Padre y por eso con gusto lo acepto todo, confío en que Él cuidará de todo lo que es su propiedad (la congregación que apenas había iniciado en 1934). Permanezco en silencio junto a Jesús y a María y qué bien se ven las cosas desde esa mirada. Estoy en paz, tranquilo, contento en el fondo de mi alma, con lo que Dios quiera o permita.
Tengo algunas o muchas fallas que las resuelvo bajo la mirada de Dios.
Lo anterior manifiesta la solidez espiritual y el grado de virtud en la fe, en la obediencia y en el amor que se va fortaleciendo.
Como Religioso en la vida de comunidad escribe: todos nos esforzamos por vivir según nuestro reglamento viviendo como Sacerdotes y religiosos muy formales. Trabajaré no por ser observante ni humilde, sino por ser un verdadero Misionero del Espíritu Santo como Dios me quiere, todo de Dios, solo de Dios para sólo buscar su beneplácito como Jesús, en el calvario, en la cruz, en la inmolación que le plazca. Soy muy miserable, pero mis miserias me hacen más de Él.
En 1937 recibe el nombramiento de Superior local de Celaya y escribe: Estoy resuelto ha hacer guardar la observancia con energía y suavidad, así como debe ser un Misionero del Espíritu Santo, como es Dios.
Dinamismo apostólico
La fuerza espiritual la desplegó en el apostolado fecundo.
Los Misioneros del Espíritu Santo impulsaron el espíritu litúrgico lo que favoreció la presencia de los fieles en la Eucaristía, dieron gran solemnidad a las fiestas litúrgicas. A un mes de la fundación escribe el P. Félix: El culto ha subido rápidamente.
Le comunican los Padres: Tenemos bastante trabajo, es un trabajo insoportable (de mil quinientas a dos mil comuniones semanales, bastante asistencia en la Eucaristía, estamos contentos.
Durante todo el día los fieles acudían a la oración ante Jesús Eucaristía.
Cada tercer Domingo de mes estaba dedicado a la Reparación, se daba gran solemnidad a este Acto de reparación con los miembros de la Adoración nocturna, era una verdadera pastoral de la Eucaristía en las Fiestas litúrgicas, impulsó el canto gregoriano para dar mayor solemnidad. Gran solemnidad se daba a las fiestas de la Santísima Virgen, (la Asunción era una de sus favoritas)
El trabajo era arduo en las confesiones y la Dirección espiritual. Escribe el P. Moisés al P. Félix: la vida del confesionario acaba pronto, pero qué gusto consumirse al servicio de Dios. El P. Moisés confesaba de Seis a Ocho horas.
El P. Félix en respuesta a su Carta le escribe: Usted por ahí va a ejemplo del Santo Cura de Ars, desde hace veinte años, yo soy testigo y ¡por la misericordia de Dios ha hecho mucho bien a muchas almas.
Un apostolado muy apreciado fue el de los niños acólitos.
El amor por los niños le venía de su espiritualidad la Infancia espiritual: Escribió cuando veo que hace un desprecio a los niños lastiman mi corazón, yo me siento muy inclinado hacia ellos.
Organizó un centro eucarístico con niños (de siete a quince años) para fomentar la piedad litúrgica y el amor a Jesús Eucaristía. (Fue tan fecundo el apostolado que llegaron a participar en la Eucaristía hasta Quinientos niños).
Se impartía la formación cristiana y cultivar en ellos la vocación sacerdotal, les organizaba diversos paseos como premio a su servicio en la Iglesia y les obsequiaba algunas monedas con el fin de que aprendieran la cultura del ahorro y organizaran sus gastos.
Para infundir la disciplina si llegaban tarde a los oficios no eran incluidos en los juegos y en los paseos, con ello, los formaba en el sentido de la responsabilidad.
Impulsaba la formación integral: Dialogaba con los papás de los acólitos para presentarles los horarios de asistencia a los Oficios en la Iglesia, les señalaba el orden y la educación y limpieza con la que los debían presentar.
Con los acólitos fundo centros de vocaciones a la vida Sacerdotal. Catorce acólitos ingresaron a la congregación de Misioneros del Espíritu Santo.
Grupo de las congregantes Marianas, conformado por las Catequistas que se dedicaban de manera especial a dar catecismo a los niños más necesitados de Celaya. El P. Félix le escribe: Esa obra de niños pobres me encanta. ¿Recuerda cómo Nuestro Señor los quería y los bendecía? Lo felicitito.
De esta Asociación surgieron vocaciones religiosas para diversas congregaciones.
Testimonio del P. Salvador Sánchez, M.Sp.S: Todos los sábados el P. Moisés visitaba los centros de catecismo, les llevaba dulces y se ponía a jugar con ellos, el P. Moisés era un autentico chiquillo entre todos ellos.
Se dio gran impulso a las Asociaciones: La Tercera orden de la Merced para mujeres y varones, Cofradía de Nuestra Señora de la Merced, Asociación de San Crispín, conformada por zapateros y curtidores, le escribe el P. Félix: Esas obras entre los pobres son las que Nuestro Señor prefiere. (Cf. Crónicas Casa de Celaya, 1937).
Apostolado de la Cruz, Familia del Espíritu Santo. Escribe al P. Félix: espero pronto, Dios mediante, envolveremos a Celaya en el Apostolado de la Cruz
El apostolado se incrementaba en el tiempo de Cuaresma por los Ejercicios espirituales que se impartían a hombres, señoras, jóvenes, niños (seiscientos niños llegó a reunir), obreros y empleados.
Retiros y Ejercicios espirituales a Religiosas. El apostolado no se realizaba sólo en Celaya sino que abarcaban León, Irapuato, Salamanca, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, Valle de Santiago, y otros. Todo eso contribuía a mantener vivo el Templo de la Merced y a cultivar vocaciones.
El P. Moisés visitaba los hospitales
Fecundidad espiritual y apostólica la manifiesta en una carta que le escribe al P. Félix: Me siento con un corazón muy grande para encerrar a todo el mundo es decir quisiera remediar todo mal, con una inmensa caridad. (Carta al P. Félix, Celaya, 1936).
Testimonio del P. Federico Garibay, M.Sp.S. El P. Moisés fue mi Maestro en el arte de la pastoral, de la predicación. Recibí hermosos ejemplos: Lo tengo presente ante el Santísimo en una profunda oración, a pesar de la intensa actividad apostólica. Su vida de oración se reflejaba en la celebración de la Eucaristía, en la dirección espiritual, cómo lo buscaban las personas.
Antes de morir (10 de enero de 1938) pidió el P. Félix que regresaran al P. Moisés a México para que libremente se ocupara de su congregación las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada. Regresó al Templo de San Felipe de Jesús.
Hna. Beatriz Ruiz Rodríguez. MCMI.
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