Apostolado fecundo
APOSTOLADO OCULTO EN EL
CONFESIONARIO
La dirección espiritual
Como aspecto muy relevante en el ministerio sacerdotal del padre Moisés, destaca el de la dirección espiritual. Su gran amor a Dios y el entusiasmo por la santidad de las almas, lo hacían pasar largas horas en el confesionario aconsejando, orientando, iluminando. Dice el padre Rafael López, quien fue uno de sus dirigidos:
En Morelia, al padre Moisés se le conocía por sus consejos, esto es la dirección espiritual. Era el hombre al cual se recurría, porque decían que estaba iluminado y podía iluminar a los demás. Es lo que en lengua espiritual se le llama “director”, el que tiene el “don de la discreción de espíritus”, para impulsar al alma cuando ésta necesita ser impulsada, pero también, para exigirle cuando es necesario, que tenga que reconocerse.
Digo sobre el don de Consejo porque me consta y esto lo vi varias veces: antes de entrar a su confesionario en el Templo de la Cruz, no obstante que tuviera mucha gente esperándolo, era bonito verlo hacer su genuflexión y luego se arrodillaba en la última banca para pedir... yo creo pedía luz al Espíritu Santo y ahí mismo, afuera de su confesionario, se arrodillaba de nuevo para realizar aquel santo ejercicio bajo un punto totalmente sobrenatural. Evidentemente esto nos hace ver que no era una actividad únicamente humana o de un sacerdote común y corriente, sino del hombre que pide la gracia y la inspiración del Espíritu Santo para realizar esta obra eminentemente característica de un Misionero del Espíritu Santo, como es la dirección espiritual.
Esta era la oración que el padre Moisés hacía con ardiente fervor, antes de realizar el ministerio de las confesiones y dirección espiritual. Se ponía en manos de Dios y de la Santísima Virgen:
Oh María, le daremos muchas almas a Dios, sí, sí, sí. “Ansío trabajar como y cuanto pueda en un confesionario, en la oscuridad, en el silencio”.
Continúa escribiendo en su Diario Espiritual en diferentes ocasiones:
Las almas son tuyas no mías... Oh mi buen Dios que las trate como Tú las tratabas... con suma delicadeza, con grande amor, y sumo esmero, que no las lleve por otro camino, sino por el que lleva a Ti”. “Jesús que te encuentren a Ti y no a mí.
Oh Dios mío, dame para dar que te ame para que enseñe a amarte, dame santidad para santificar... que viva en Ti para enseñar a vivir en Tí...
No aspiro a más, Dios mío, no a tener almas hijas, dirigidas, sino a amarte y hacerte amar de todos, eso y no más. ...
De esta manera tan especial, era como se preparaba el padre Moisés para ser otro Cristo en el confesionario, estaba convencido de que debía dar a Dios a las almas y llevarlas a El.
Antes de irse a Roma el padre Moisés ya había tenido en México como se mencionó en capítulos anteriores, cinco años de apostolado fecundo, aun en las difíciles circunstancias de la persecución religiosa y también había sido confesor de varias comunidades de religiosas nombrado por el Arzobispo de México.
Se puede decir que el padre Moisés fue un alma privilegiada del Señor, dotado de carismas especiales, como el de saber conducir por el camino de la perfección a quienes se acercaban a él en la confesión. Por su fidelidad a la gracia y su gran espíritu de obediencia hizo fructificar estos dones durante toda su vida a través de la dirección espiritual, misión principal de su Congregación, según fue el deseo del Fundador el padre Félix de Jesús:
Quiero que mis hijos siempre estén en el confesionario, haya gente o no haya gente, ustedes estén ahí.
Entiéndase que anteriormente la dirección espiritual, se daba desde el confesionario. En otro de los testimonios de religiosas encontramos:
Nuestro Señor le decía a Concepción Armida: Se quejaba de eso de que “Muchas almas no llegan a la perfección por falta de directores”, y el padre Moisés fue un auténtico Misionero como Nuestro Señor lo pidió: Director de almas, porque no hay alguien que él haya dirigido que no diga igual. No se estancaba un alma con él.
La religiosa de la Cruz, Matilde Beatriz Leal, expresa:
Supe, lo oí decir, que nuestra madre la señora Concepción Cabrera, había dicho que como director espiritual el padre Moisés era el número uno.
Yo nada más he conocido “un director” Misionero del Espíritu Santo, el padre Moisés. Esto lo atestigua la religiosa de la Cruz, madre Margarita Chaurand.
Existen otros muchos hechos que comprueban su fecundidad en la dirección espiritual, ya que su fama en esta materia era notable, pues él sólo veía almas, no se fijaba en exterioridades o categorías de personas.
Era una cosa tan hermosa la dirección del padre Moisés, que puedo decir que fui de las almas privilegiadas de su dirección espiritual, que para mí fue su especialidad. En el confesionario era infatigable completamente, así tenía de gente, lo buscaban personas de todas las edades y sexos y de toda categoría y era una dirección tan hermosa que hacía de veras vivir la vida de Dios.
Del padre Salvador Martínez, tenemos este comentario:
Conviví con el padre Moisés en Puebla, era al que yo consultaba espiritualmente, fue mi Director Espiritual en ese tiempo. Tenía el padre Moisés muchísimas almas, donde quiera que estaba, luego, luego, despedía algo especial para la dirección espiritual, para el confesionario; no solamente para religiosas, sino también para las personas seglares, lo buscaban mucho en la dirección espiritual y en el confesionario.
El grande anhelo del padre Moisés de trabajar por la salvación de sus hermanos en la oscuridad de un confesionario pronto se vio realizado. Al principio de su ministerio colaboró en el Templo del Espíritu Santo en Tacubaya confesando a los Adoradores, después el número de confesiones fue en aumento cuando estuvo en Morelia, en el Templo de la Cruz y en México en los Templos de Santa Clara y San Felipe de Jesús. Más tarde, dos años antes de su muerte ejerció dicha actividad en Puebla, en el Templo de la Concepción, aunque con limitaciones por su enfermedad.
Fue muy buscada y muy apreciada su dirección espiritual; su palabra era sencilla pero convincente, daba una doctrina sólida que cautivaba, impresionaba. En realidad fue en el confesionario donde más glorificó a Dios. Era mártir del confesionario, así comenta el hermano Luis Ramos Damián, quien convivió con él en las comunidades de los Templos de Santa Clara y San Felipe. Continúa diciendo:
En la tarde, bajaba al confesonario, porque la gente estaba llamándolo y llamándolo, es que tenía mucha gente, mucha; lo seguían mucho.
Yo veía la cantidad de personas que dirigía el padre Moisés, yo decía: pero ¡qué paciencia para dirigir tanta gente!, cómo se cansará, cómo terminará el día, pero ya ahora con la experiencia de la vida religiosa digo: es que él daba todo su tiempo a las almas, se olvidaba de su persona para dedicarse con toda solicitud a los demás, con sus enseñanzas llenas de amor y de sencillez. Esto lo narra una religiosa Oblata de Jesús Sacerdote en su testimonio.
En el testimonio de una religiosa del Verbo Encarnado, se anota:
Celoso Sacerdote, en el confesionario dedicaba horas a una alma hablándole de la vida espiritual sólida y profunda.
Una de sus hijas Misionera de la Caridad de María Inmaculada, que fue su dirigida, expresa:
Porque estaba lleno de Dios atraía a las almas, se veía en él a Dios en todo, se le notaba esa plenitud de Dios que llevaba en sí, se transparentaba en su mirada, se transparentaba en sus palabras y esto no podía pasar desapercibido, tanto es así que habiendo tenido yo mi confesor y haber ido esporádicamente nada más con él, la primera vez que oí su palabra, que sentí su dirección, que me acerqué a él, ya no pude retirarme jamás; vi tanto a Dios en él, que dije: de aquí ya no me voy.
Está claro que la gente iba al fondo de las cosas, iba a buscar a Dios en el padre Moisés, esta es la razón por la que su confesionario estaba siempre lleno; llegaban hasta separar el lugar en la fila, pues había una persona que a sí misma se autorizó para hacer este servicio, ya que a cambio recibía una gratificación. Al respecto el padre Agustín Alvarez dice:
Yo recuerdo muy bien las filas de gente esperando su turno para confesarse con el padre Moisés, al grado de que algunas, hasta pagaban a una señora para que les cuidara el lugar y así tener el gusto de confesarse con él.
El padre Moisés era un hombre de una pieza, le daba mucha importancia a la observancia religiosa en la comunidad, sabía equilibrar muy bien su vida de consagrado con el apostolado. A veces por la gran cantidad de personas que lo buscaban, se le presentaba el reto de elegir entre el confesionario y su vida de comunidad, pero a pesar de todo fue siempre muy puntual a los actos comunitarios.
Otro aspecto importante del padre Moisés en la dirección espiritual de las personas, es el impulso notable que daba a sus dirigidas al apostolado de la caridad: hacían visitas a enfermos en los grandes hospitales de México para preparar el camino al sacerdote, visitaban a los pobres en las vecindades y formaban grupos de catecismo para niños y adultos. Con esto vemos una vez más que las personas que lo buscaban en la confesión y dirección llevaban una vida espiritual seria, llegando a compromisos concretos para con Dios y con el prójimo.
Quien conoció y tuvo la dicha de que el padre Moisés haya sido su director espiritual, se dio cuenta de los dones especiales con que Dios lo enriqueció para bien de los hermanos en su Iglesia. Dice el padre Luis Cervantes en su testimonio:
Tenía un “carisma” especial como director espiritual, era lo que más sobresalía en él; fue realmente un carisma muy particular del Espíritu Santo.
El padre Tarsicio Romo, comenta:
En la dirección espiritual llegó a poseer en alto grado el don de consejo. Lo prueba el hecho de que era muy solicitada su dirección espiritual por diversas personas. Su prudencia en la dirección de las almas era del todo sobrenatural, no humana, estaba iluminada por una fe profunda y basada en una grande humildad.
Bondadoso y a la vez firme
El celo del padre Moisés por el bien de las almas para llevarlas a Dios por la dirección espiritual, fue extraordinario. Una vez alguien le dijo que como se tardaba en cada confesión, no alcanzaba a confesar a todas las personas, por lo que tenían que volver y él contestó:
Cuando me muera Nuestro Señor no me va a preguntar cuántas personas había confesado, sino cómo había confesado.
En este sentido, el padre Federico Garibay expresa:
Tenía una espiritualidad maciza, era un director espiritual bien centrado, un hombre totalmente de Dios.
Dotado por Dios de esta clase de dones como ya se ha venido diciendo y consciente de ellos, el padre Moisés los puso al servicio de sus hermanos, las almas dirigidas por él en el confesionario, llegando a dejar huella santa no sólo en vida, sino también después de su muerte al recordar y vivir sus enseñanzas e indicaciones marcadas por la firmeza y la exigencia en el camino de la perfección.
Era firme, inflexible, pero con suavidad, con bondad que convencía.
Trazaba el camino, descubría con frecuencia los errores y exigía cuentas para impulsar al aprovechamiento.
Agregados a estos hay más testimonios que retratan la imagen del padre Moisés como director espiritual, pues son innumerables las personas que seguían sus consejos y a quienes les abrió horizontes ilimitados de perfección cristiana y espiritual, entre ellas se pueden contar gran cantidad de religiosas de diferentes Congregaciones. Por medio de este apostolado, también despertó y cultivó la vocación religiosa para su Congregación y para la Iglesia en general.
El método por el que el padre Moisés se regía para santificar y dirigir a las almas y que él mismo practicó consistía: 1º Recogimiento, 2º Unión con Dios y 3º Dejarse hacer de Dios.
Este fue el programa que santificó a muchos y por el cual el padre Moisés dio vida en la Iglesia a través de su apostolado oculto en el confesionario y la dirección espiritual.
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