Biografía

P. Moisés Lira Serafín, Misionero del Espíritu Santo y Fundador de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada

Nació en Tlatempa, barrio de Zacatlán, Puebla, el 16 de septiembre de 1893. Sus padres Pedro Lira y Juliana Serafín, formaron una familia a la que infundieron los valores del Evangelio.  

Al quedar huérfano de madre a los cinco años de edad, la figura paterna para Moisés desempeñó un papel muy importante en su vida, ya que este hecho le señaló el camino directo de confianza y abandono filial en las manos del Padre Celestial, a quien siempre trató de agradar como Jesús, haciendo en todo su divina voluntad, en actitud de hijo pequeño: “que yo sea nada para que Él lo sea todo”.

La infancia y adolescencia del Padre Moisés fue una etapa itinerante, debido a que como su padre era profesor de la escuela parroquial, iba de un lugar a otro con el señor cura, según los cambios que le asignaban a éste. Por tal motivo los primeros años de escolaridad los pasó al lado de su padre, terminó su instrucción primaria al lado de la señorita Petra Munive (su bienhechora) en Puebla, por instancias de la madre Victoria Ortega, religiosa Josefina que intervino en la vida del joven Moisés.

Desde pequeño quería “dar a Jesús lo más que pudiera darle”, en su vocación. A los 17 años decide seguir el camino del sacerdocio y dos años después siente el llamado a la vida religiosa, llamado que se hace realidad el 25 de diciembre de 1914, al iniciar su formación para la vida religiosa con la etapa del noviciado en la naciente congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, sostenido por su gran espíritu de fe. 

Desde el comienzo de su vida religiosa se percibió en él un gran deseo de ser santo por el camino de la pequeñez. En las etapas de su formación Dios fue plasmando en su corazón a través de su formador el Padre Félix, el espíritu de la Cruz, que se sintetiza en: Amor, dolor, pureza, como lo transmitió la Beata Concepción Cabrera de Armida, su madre espiritual.

El Padre Moisés, como hijo de la Cruz y como primer misionero del Espíritu Santo, fue presentado por el Padre Félix, como modelo, ya que fue el primer profeso de la congregación que imprimió en su corazón la espiritualidad de los Misioneros del Espíritu Santo: la contemplación de Dios, sencillez, bondad, humildad, caridad, pequeñez espiritual y el espíritu filial. 

Jesús le dice a Conchita que desea que los misioneros de la Cruz, sean una turba de chiquillos que adoren al Verbo Encarnado con las virtudes de los niños: pureza, sencillez, candor, humildad.

Dios lo eligió para recordar a la Iglesia el carisma de la Filiación divina, que recibimos en el bautismo y para enseñarnos a vivir como hijos amados de Dios Padre de Bondad, en actitud de infancia espiritual.

Recibió el Don de Fundador de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada.

Como Sacerdote y religioso mantuvo vivo el ideal de ser santo: “¡Oh, Espíritu Santo, dame grandes deseos de ser santo!, así oraba al Espíritu Santo.

Su dinamismo espiritual se manifestó en su ministerio sacerdotal se hizo evidente y con mucha fuerza, al celebrar la Eucaristía con gran devoción y en las prolongadas horas en el confesionario y en la dirección espiritual. Decía: “Ansío trabajar como y cuanto pueda en un confesionario, en la obscuridad, en el silencio”. Mi vida será oculta como la de Nazareth.

Su caridad en el apostolado de la Bondad lo impulsó a formar grupos de acólitos en los diferentes lugares donde ejerció su ministerio; atendía con entusiasmo las asociaciones a él encomendadas y movido por el amor a María Santísima, para honrarla y venerarla, estableció grupos de señoritas: “las pasionarias” y la Congregación Mariana.

Su caridad la realizó con los más necesitados, al grado de dar la vida por sus hermanos, ya que por hacer el bien a los soldados del Lazareto de Tlalpan en 1923, contrajo el contagio de viruela negra que lo llevó al borde de la muerte.

Quería hacer el bien en todas sus formas en donde se encontrara una necesidad, decía que donde hay una necesidad Dios encuentra dónde darse y derramarse; quería tenderle la mano al niño, al anciano, al enfermo, al pobre en su miseria y al rico en su tristeza, al sacerdote anciano y enfermo, a la mujer caída, etc.

Tenía un corazón lleno de fuego, ecribió en el Diario espiritual: “Daré inmensa gloria a mi divino Padre en los días que aún me tenga en la tierra. Mis ejes alrededor de los cuales debe girar mi vida de Misionero del Espíritu Santo, son dos: ¡Amor y Dolor!”.

Su conformidad con la voluntad de Dios fue edificante y ejemplar, manifestaba santidad a lo largo de su vida sufrió continuos períodos de enfermedad, en una ocasión expresó: me despiertan las mañanitas del dolor. Siempre se mantuvo en pie, en su ministerio sacerdotal y como fundador, con gran espíritu de sacrificio y cruz se preparó para la Pascua eterna, para el encuentro definitivo con Dios mil veces más Madre que Padre. Consumó su misión en esta tierra, el 25 de junio de 1950, muere con fama de santidad.

Hizo vida el lema: Hago siempre el agrado de mi Padre.

Su causa de beatificación inició en el año 2000. El jueves santo del 2013, el Papa Francisco, autorizó a la Congregación para la causa de los Santos que promulgara el decreto por el que se le reconocieron las "virtudes heroicas" otorgándole el título de Venerable. 

Fuente: Hna. Beatriz Ruiz Rodríguez.


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