Estudiante en Roma
ESTUDIANTE EN ROMA
La partida
Después de que el padre Félix preparó en Roma la casa de estudios para los Misioneros del Espíritu Santo regresó a México. Por ese tiempo 1926-1929, la nación Mexicana pasaba por la crisis mayor de la persecución religiosa, no obstante, el padre Moisés ejercía en pleno su ministerio, lo buscaban muchas personas y era sumamente conocido en la ciudad, por lo que es de imaginar que el padre Félix viendo el peligro que corría su primogénito decidió enviarlo a Roma, a formar parte de la comunidad de los 10 primeros religiosos que ya estaban allá, a quienes les escribe por primera vez, diciéndoles:
A todos mis amados hijos de Roma: ¡Gran noticia! les mando un nuevo compañero, el buen padre Moisés. Se embarcará el lunes 25 de este mes de octubre.
El padre Moisés acató con gran fe la disposición de su superior y obedeciendo emprendió el viaje a Roma. Durante el trayecto escribió al padre Félix en estos términos:
M.R.P. Félix Rougier. -Mi muy amado padre en Jesús-: Hace 24 horas que estoy en el mar solo por Dios y María... Voy muy bien hasta ahora...
El padre Félix, da respuesta a ésta y a otra de sus cartas:
Obediencia y amor. -Rev. padre Moisés Ma. de Jesús. Muy amado hijo. Gracias por su amable carta de la Habana-. Di las gracias a Jesús con toda el alma por las santas disposiciones en que se fue-. Hágase santo en Roma, padre Moisés, en medio de tantos santuarios de grandes santos. Su color me parece ser de Santa Catalina de Siena. Vaya un día a la Minerva a celebrar sobre su cuerpo y lea sus obras tan tiernas y profundas y amará tiernamente como ella, al Eterno Padre-. Su afectísimo padre que lo bendice y lo ama mucho en Jesús. Félix de Jesús.
Es evidente que el espíritu que movió al padre Moisés a ir a Roma fue el de la obediencia, espíritu que supo vivir en todas las oportunidades que el Señor le iba presentando para practicar la virtud a través de su sacerdocio y como religioso Misionero del Espíritu Santo.
Período de estudios (1926-1928)
Al llegar a Roma el padre Moisés fue fraternalmente recibido por sus hermanos de comunidad y de inmediato se pudo arreglar que entrara a estudiar. El comenta en esta carta al padre Félix:
A mi muy amado padre Félix de Jesús: -Por fin llegué a ésta sin novedad, gracias a Dios. Contento, muy en paz porque es voluntad de Jesús. Voy a trabajar hasta donde las fuerzas me ayuden y en todos sentidos por corresponder a mi amada vocación. Qué feliz me siento en mi celda con mis libros, con mi capilla y con los míos-.
Estando en Roma asistió en compañía de sus hermanos a la Pontificia Universidad Gregoriana. Además de realizar otros estudios, hizo un bienio de Teología Dogmática.
El ritmo de vida del padre Moisés en esta ciudad era de estudio intenso, pero a la vez disfrutaba del ambiente fraterno en comunidad que tenía momentos de todo, desde cumplir con un reglamento, como un agradable paseo. Tuvo la dicha en una ocasión de celebrar misa en la Iglesia de San Lorenzo, otro día asistió a la reunión que la juventud Italiana ofreció a los Mexicanos; también visitó la ciudad de Asís, sin faltar en su peregrinación la visita a San Pedro y San Pablo. En ese tiempo en unión de su familia religiosa agradeció al Señor el poder celebrar el 33º aniversario de la fundación de las Obras de la Cruz, así como sus aniversarios de profesión religiosa y vida sacerdotal. Antes de su regreso a México asistió a una audiencia privada con el Santo Padre en compañía del padre Edmundo Iturbide su superior y el padre Angel Oñate.
Acrisolado por la prueba
A los que aman a Dios todo les aprovecha para su bien. Se podría decir que el padre Moisés fue uno de éstos de los que aman a Dios, porque supo amarlo más en los momentos de lucha y de prueba por los que pasó durante su estancia en Roma lejos de su patria, que sufría a causa de la persecución religiosa del momento. El motivo de su sufrimiento era la falta de confianza para acercarse a su superior con espontaniedad, aunque apoyado siempre en el espíritu de fe que lo impulsaba a obrar bien, sí lo buscaba e iba a él con gran adhesión y sumisión, pero su lucha era interna (él sufría solo), ya que sus hermanos de comunidad no lo alcanzaban a percibir, ni su mismo superior lo notaba.
Precisamente como él era para con el padre Félix semejante a un libro abierto y transparente como un cristal, esto lo hacía sufrir tremendamente y hasta tuvo la tentación de abandonar su vocación religiosa como Misionero del Espíritu Santo. Esta prueba permitida por Dios, lo hizo madurar enormemente en su interior a través del dolor, pues es verdad que quien no ha sufrido, no puede comprender ni consolar al que sufre. Estando en estas circunstancias el padre Moisés, escribe al padre Félix:
Mi bueno y muy amado padre Félix de Jesús. Que Dios lo llene más y más de sus gracias sobre todo de paciencia para soportar todas las impertinencias de los hijos que El mismo le ha dado. Aquí me tiene, amado padre, el mismo. ¡Qué vergüenza! soy el mismo hombre viejo y sin transformarme en el nuevo, el Moisés de siempre, quizá con más responsabilidades, con más faltas, con más gracias de parte de Jesús.- Ya sabe, ya me conoce cómo soy, ¿para qué contarle cómo se encuentra mi alma? Pero, en fin, tenga paciencia. ¿Le podré decir que estoy en paz?. Las ordinarias tristezas ya no las tengo, me absorben los estudios, pero la nube que viene a nublar el azul del cielo es la falta de confianza para con mi superior, me siento muy distante, me siento muy político y sin querer cuando habla, o llega con nosotros al recreo, todo yo me corto. He luchado, he ido a visitarlo, a platicar, como S.R. me enseñó. He pedido mucho a Jesús me dé humildad de corazón para quitar el amor propio que pueda meterse, y todo parece que ha sido inútil, estoy igual, vamos por rumbos muy distintos, bendito sea Dios; si El así lo quiere yo también, pero que no lo disguste yo, que le dé todo lo que me pide.- En este mes procuro llenar mis horas con pequeños actos de humildad y realizar en todo el placer del Padre. Aquí me tiene luchando con el “yo”, con el diablo y con el mundo. Pensé por esto, si Dios se valdría de eso para indicarme la salida de mi vocación, pues todo el tiempo se me ha ido en tonteras, y por otra parte las dificultades... y le fui a hablar al padre superior de esto, aunque a medias. Pero, siempre, todo pasó, ¡bendito sea Dios, por todo!.- Ya ve S.R., soy muy pequeño y todo me espanta, siendo la vida y sobre todo la nuestra, llena de dolor y... de amor. “La oración, fría, como nieve. Dios quiera sea yo siempre fiel y me sostenga El con su gracia”. “Seguiremos luchando y sufriendo con amor todo lo que el Amado se digne enviarnos y quiero aceptarlo en satisfacción por mis pecados y los ajenos.- Pida mucho por mí y no deje de bendecir a este pobre “solitario” que pasa la vida encerrado en su celda”. Afectísimo hijo, Moisés.
El padre Félix le contesta su carta:
R.P. Moisés de Jesús, hijo mío muy amado en Jesús. Por sus últimas cartas, usted es el que más me escribe después de los padres Edmundo y Alvarez, y le he cogido más cariño, porque a veces se me ocurre, que está muy solo, con esa tremenda dificultad que tiene de acercarse al superior y de abrirse a fondo.- Yo le pido y le suplico a mi Jesús se sirva hacer a mi querido padre Moisés tal como lo conocí en ciertas épocas, es decir:
“Humilde“, muy humilde, abierto y como de cristal, modesto en todo y prudente en sus palabras, viviendo como el más pequeñito de todos... todos.
Es entonces cuando estará más grande ante Dios y más querido de su Jesús. Esa ida a Roma lo ha hecho sufrir y ha sido una como prueba para usted. Yo, lo comprendo en sus cartas en las cuales, de veras, me ha tenido mucha confianza y muchísimo se lo agradezco. Pero, ya verá que con el tiempo, le habrá sido muy útil, y mucho más de lo que se figura.- Siga escribiéndome largo y dando cuenta de su querida alma. Su afectísimo padre que lo bendice y mucho lo ama en Jesús. F. de Jesús. MSPS.
En las enseñanzas que daba a sus hijas, el padre Moisés dice:
En Roma estaba yo por salirme de la Congregación. Le mandé decir a nuestro padre Félix: “Ya no aguanto, no puedo”.. Y hasta llegué a ver otras comunidades religiosas... pero nunca en medio de todo dejé a Nuestro Señor, le decía yo: “Tú lo sabes... si Tú no me ayudas, yo no puedo”. Nada más la pura fe me sostuvo... Y ¡claro! pasó la prueba. ¿Qué se necesita? ¡Más Dios, más Dios! Si no hay Dios en nosotros viene la prueba y nos desconcierta, en esas circunstancias fue cuando oré más...
Dios no prueba al alma por encima de sus fuerzas y el padre Moisés anclado en la fe y en el amor a su Señor, pudo resistir esa crisis. Esto le sirvió no solo para su purificación y crecimiento en la virtud, sino también para confirmar su fidelidad a la vocación como Misionero del Espíritu Santo, con su tinte propio, el de la pequeñez espiritual.
Voto de abandono
La situación adversa descrita que experimentó el padre Moisés, le trajo como fruto un deseo fuerte y ardiente por adquirir y VIVIR el completo abandono en Dios, como el de un niño en brazos de su madre, fundado en una fe sólida y en una esperanza firme. En su Diario Espiritual anota:
De la fe saqué que debe uno cogerse de Nuestro Señor, pedirle misericordia y abandonarse en El. Estaba yo en una crisis espantosa y fue entonces cuando hice mi VOTO DE ABANDONO.
Este voto de abandono posteriormente lo siguió renovando durante años, con la siguiente fórmula:
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como Jesús Sacerdote y Víctima santa, que se ofreció a Tí Dios mío para glorificarte y por salvar a las almas y para perpetuar esa alabanza y salvando a las almas, se ofreció en favor de la Santa Iglesia, mi Madre querida, es decir: por el Papa, los Obispos, Sacerdotes, Religiosos y por todas las almas. Yo oh Dios mío Uno y Trino, con toda la sinceridad de mi corazón, con toda la fuerza de mi voluntad me doy, en unión de Jesús y como El, a tu voluntad haciéndome obediente hasta la muerte y muerte de martirio y cruz que te plazca en favor de tu Iglesia amada. Hago esta entrega por mi Madre Inmaculada, la Virgen María y te prometo seguir haciendo mi Voto de Abandono como lo he hecho, hasta que Tú dispongas otra cosa. Fíat, fiat, fiat.
Qué enseñanzas tan profundas se pueden sacar de la escuela de virtud del padre Moisés, quien años después decía a sus religiosas:
Cuando tenemos una pena, una dificultad hay que ir a Dios en vez de estar revolviéndose. En esos momentos es cuando más necesitamos de Dios. Abandonémonos confiadamente en sus brazos.
El padre Moisés regresó de Roma y llegó a México el 17 de julio de 1928. El culto no estaba aún restablecido por la persecución religiosa. Debido a esto, el padre Félix antes de darle su nuevo destino que lo integraría de nuevo en el apostolado; lo envió por un tiempo a la casa noviciado.
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