Orar con María
MARÍA NOS CONDUCE AL CIELO
El cielo es la vista de Dios, es verlo cara a cara, es la vista de su grandeza, de su poder, de su amor. María es la puerta del cielo, es decir, para entrar a esa posesión plena de Dios. Y todo nos viene por María y todo lo que hacemos sube a Dios por María: oraciones, sacrificios.
MARÍA NOS CONDUCE AL CIELO
El cielo es la vista de Dios, es verlo cara a cara, es la vista de su grandeza, de su poder, de su amor. María es la puerta del cielo, es decir, para entrar a esa posesión plena de Dios. Y todo nos viene por María y todo lo que hacemos sube a Dios por María: oraciones, sacrificios,.
Jesús, María y virtudes nuestro padre Moisés, nos quieren muy pequeñitos para con Dios, para con la Santísima Virgen, para con nuestro prójimo y para con nosotros mismos.
ACTO DE FE
Nuestra fe nos hará palpar en el fondo de nuestro corazón el consuelo que nuestra Madre nos prodiga. Si vivimos en esa intimidad con María, Jesús, desde el cielo, dirá: «Vean cómo se aman. Vean la bondad de mi Madre y vean la confianza de sus hijos».
Procuremos vivir siempre bajo la mirada de María e íntimamente unidas a Ella, hagamos todas nuestras acciones con Ella, por Ella y en Ella. Contemplemos la mirada dulce y la sonrisa apacible de María; contemplemos cómo extiende sus brazos maternales para recibirnos, y acojamos a tan tierna Madre.
ACTO DE GRATITUD
Damos gracias a Dios nuestro Padre porque nos dio por Madre a María Santísima. Pidamos al Espíritu Santo que la oración, por manos de María, llegue al corazón de Dios nuestro Padre, que suba al trono de las misericordias, para obtener las gracias que necesitamos.
MEDITACIÓN 1.
María es nuestra guía
Sólo los pequeños son conducidos en los brazos de Jesús y María, por eso debe existir entre nosotros ese abandono filial hacia Ella, esa intimidad dulce del corazón; el amor de ninguna madre de la tierra es comparable al amor que María nos tiene.
Necesitamos conversar íntimamente con nuestra Madre del cielo y caminar cogidos de su mano maternal e intercambiar con Ella dulces miradas. Dejemos descansar nuestra cabeza dolorida sobre su amante Corazón de Madre. No dejemos pasar un día sin buscar su protección de Madre. Al terminar el día con todas sus fatigas y dolores, arrojémonos unos instantes a los pies de María, nuestra Madre.
MEDITACIÓN 2.
Confianza en María
María, Madre mía, recibe mi persona con todo lo que hay en mí: manos, pies, inteligencia, voluntad, memoria, libertad y corazón, infunde en mi corazón tu bondad, tu ternura y tu espíritu de sacrificio, para hacer el bien a quienes me rodean.
¿Quién no sabe de horas amargas en la vida? ¿Quién no se ha sentido desolado? ¿Quién no ha sentido la amargura del olvido? ¿Quién no ha saboreado las incomprensiones? Momentos de muerte son éstos.
En esos momentos penosos, pensemos en María y exclamemos: Estoy con María y Ella está conmigo, luego no me encuentro solo en medio de tantas penas. María mi Madre está contigo, debo mostrarme como digno hijo suyo.
En mis horas de debilidad y de angustia, vuelvo mi mirada suplicante a María y entonces, más que nunca, pienso: Estoy con María.
Qué consolador es tener este pensamiento: ¡Mi Madre está cerca de mí! ¡Qué real es esto cuando adquirimos el hábito de estar con María! ¡Qué dulce es la intimidad del alma con María! Ella nos consuela, nos reprende, nos guía; Ella es nuestra consejera, nuestra compañera de camino en este destierro tan lleno de amargura; Ella, nos acompaña en todos los detalles de la vida.
¡Oh, Si este pensamiento no se apartara de mí! Mi Madre está cerca de mí, qué diferente sería mi conducta en las horas de prueba y de lucha; no olvidemos que todo nos puede faltar, menos María, a Ella siempre la tendremos y con Ella nada nos faltará.
¡Qué dulzura siente mi alma al saber que tengo una Madre! Una Madre que me comprende, una Madre que no se cansa con mis miserias, una Madre que me ama y desea que descanse en su Corazón materno.
MEDITACIÓN 3.
Bajo la mirada de María
A imitación de los niños pequeños que cuando los amenaza un peligro corren a abrazarse de su madre, escondiendo su cabecita en su regazo, así debemos portarnos con María y decirle: Tú eres nuestra Madre, defiéndenos, llévanos entre tus brazos y tu mirada no se aparte un instante de nosotros. Tu Corazón vele constantemente por nosotros.
Busquemos a María, cuando nos veamos rodeados por algún peligro, corramos a María. Ella nos consolará como la mejor de las madres.
Dios nuestro Padre nos dio a la Santísima Virgen, María posee un corazón más grande que el de todas las madres de la tierra.
Siente la presencia de la Santísima Virgen María, cerca de ti, y con su espíritu y protección nos bendice.
María nos prodiga un cariño exquisito, maternal que nos hace bien y que sólo cabe en su corazón modelado por el Espíritu Santo.
MEDITACIÓN 4.
La Imagen de María
Llevar la imagen de María indica que deseamos adquirir sus virtudes y buscamos agradar a Jesús en los pequeños detalles de la vida. María embellece nuestra imagen.
Llevar en sí la imagen de María, no es propiamente poseer ya las virtudes de María, sino tratar de adquirirlas.
Llevar en sí la imagen de María, es portarse con Ella como un niño pequeñito, evitando todo lo que no sea del agrado de Dios nuestro Padre.
Es María quien embellece nuestra imagen; es el amor de nuestra querida Madre el que nos impulsa a copiar en cada instante de nuestra vida sus virtudes y así anunciar que llevamos a María en nuestro corazón.
Llevar su imagen, es vivir a su lado y buscar su agrado en los pequeños detalles de la vida cotidiana.
Al recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, está ahí María, puesto que Jesús y María son inseparables. Por eso, con toda verdad podemos decir: "Llevo a María conmigo".
PRECES A MARIA
Respondemos: Madre soy tu hijo, en ti confío.
María, Madre nuestra, hija predilecta del Padre, enséñanos a vivir la pequeñez espiritual en abandono confiado. R.
María, Madre nuestra, enséñanos la docilidad al Espíritu Santo para hacer en todo la voluntad de Dios. R.
María, Madre nuestra, recíbenos como niños pequeñitos, te pedimos que la caridad de Dios llene nuestro corazón. R.
María, Madre nuestra, muéstranos la virtud de humildad que nos guíe a la Verdad plena. R.
María, Madre nuestra, abre tu corazón sencillo a nuestra oración e y danos tu luz que ilumine nuestra mirada con la virtud de la pureza. R.
María, Madre nuestra, sonríeme cuando el dolor llegue a mi corazón, sostenme cuando mis fuerzas desfallezcan. R.
María, Madre nuestra, soy tu hijo, en ti vivo confiado, llévame a Jesús quiero ser su discípulo fiel. R.
María, Madre nuestra, bendice mi corazón con la virtud de la alegría y de la gratitud, por todas la gracias que Jesús nos da cada día en la Eucaristía. R.
María, Madre nuestra, contigo iré siempre adelante. ¡Adelante en el amor! ¡Adelante en el sacrificio! ¡Adelante en la mortificación! y ¡adelante en la generosidad! R.
10. María, Madre nuestra, dichosos somos tus hijos, porque tú nos llevas seguros al corazón de Jesús. R.
ORACIÓN FINAL
María, gracias por el regalo de la Eucaristía,
en tu corazón de Madre encuentro seguridad y confianza,
contigo nada temo.
A tus brazos amorosos me abandono
como hijo pequeñito,
porque tu amor de Madre me llena de luz y fortaleza.
Me comunicas la bondad del Padre
y la sabiduría del Espíritu Santo.
Y con tu mirada tierna me acompañas, me penetras
y me envuelves en el regazo de tu amante corazón.
Felices los que confían en María,
nuestra dulce y tierna Madre.
Amén.
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