Perfil Sacerdotal

ORDENACIÓN SACERDOTAL Y VOTOS PERPETUOS

Preparación al Sacerdocio

Una vez terminados los estudios eclesiásticos el hermano Moisés se prepara con los Ejercicios Espirituales para su ordenación sacerdotal.

Desde que el padre Félix, su Maestro y Fundador le comunicó en Morelia que ya era el tiempo de prepararse, se llenó de gozo en el Señor y quiso dar una respuesta todavía más radical, seria y comprometida, así lo manifiesta su Diario Espiritual el que se inicia con los apuntes de estos Ejercicios: 

¡Amor y dolor!. Lo dejo todo, porque Dios así lo quiere, El se encargará de todo. Necesita mi alma los Ejercicios mucho, me encuentro muy tibio, muy frío, poco generoso, sobre todo en las cosas pequeñas.

La disposición de mi alma es primero olvidarme de todo lo que no sea Dios, y ponerlo en sus brazos, y en segundo lugar abandonarme con toda sumisión a la acción del Espíritu Santo, siendo muy atento y dócil a su soplo, a sus voluntades manifestadas por boca de su Ministro.

¡Oh! misterios insondables de la grandeza y santidad de Dios, contemplados por el hermano Moisés en sus santos Ejercicios, que le dieron la oportunidad de compenetrarse más y más del amor de su Jesús, pues a medida en que pasaban estos días de gracias, mantenía vivo su ideal: Llegar a ser santo. Dice en su Diario Espiritual: 

Tengo el ideal, pero no basta eso, hay que realizarlo, y para ello hay que tener deseos grandes, ardientes. ¡Oh! Espíritu Santo dame grandes deseos de ser santo, dame deseos grandes, ardientes, que me desprenda de este mundo y vuele y me una a Jesús, Ven, Ven. 

El hermano Moisés fue consciente de que sólo los santos dan gloria a Dios, y como él quiso realizar este ideal, se propuso trabajar en algunos puntos al finalizar sus Ejercicios: 


Voy a ponerme en el camino de la vida mística: 1o. Haciendo muchas jaculatorias al Padre, 2o. mucho sacrificio, ser "cruz viva"; 3o. todo en María". "Sí, mi Jesús, sí mi Uno y mis Tres, quiero mi vida en Ti, vida de santo, vida interna María, ayúdame". ¡Oh Padre amadísimo, te deseo, ven me adhiero a Tí, permanezcamos siempre unidos!

Sacerdote para siempre

El hermano Moisés Esperando el gran día de su ordenación sacerdotal, escribe:

 Estoy en días de recogimiento, no precisamente en retiro, sino más bien en un descanso en Dios, en una unión suave y apacible en Dios, preparándome al cambio de vida: Vida de sacerdote oh, María, Madre mía... soy tuyo.


Mientras que el hermano Moisés vivía en este ambiente de preparación en su querido oasis de Morelia, todo hablaba de fiesta y alegría en Dios por el acontecimiento que se esperaba en casa de las religiosas de la Cruz, pues con gran dedicación y entusiasmo arreglaron su capilla para la ordenación de Moisés, ya que el Arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores, dispuso que ahí fuera. 

La ordenación del hermano Moisés era la segunda en la Congregación, fue la ordenación del primogénito del padre Félix, de su primer compañero, de la primera vocación que el Señor le dio para la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo, seguramente tenía presente el Fundador que se trataba de aquél que le había sido fiel con heroicidad en las horas de mayor soledad y angustia, cuando fue necesaria una fe muy grande para creer en la grandeza de una Congregación inexistente.

Después de que monseñor Leopoldo Ruiz y Flores impuso las manos sobre la cabeza del hermano Moisés, el padre Félix y los demás sacerdotes hicieron lo mismo y una vez hecha la oración consecratoria por el Arzobispo, Moisés comenzó una nueva vida, desde ese momento, la de ser sacerdote para siempre; como le decía el padre José Guadalupe Treviño, MSPS., en una carta que le envío con este motivo: 

Mi buen padre y hermano: ¡¡Tu es SACERDOS in aeternum!! (Tú eres Sacerdote para siempre). ¡Por fin ha llegado a la cumbre de su ideal! ¡¡No se figura cómo lo acompaño en su gozo, que hago mío!!...

Las religiosas de la Cruz y el padre Moisés, continuaban alegrándose en el Señor por la celebración de la segunda misa (canta misa), oficiada en la misma capilla el 15 de mayo, un día después de la ordenación. Los padrinos de capa fueron el padre Félix y el vice-rector del Seminario, padre Juan B. Buitrón. Diáconos: el padre Severino Bravo y fray Rafael García, religioso Agustino. Padrinos de agua: el licenciado Jesús Guzmán (papá del padre José Guzmán MSPS., que lo estimaba mucho) y los señores Jesús Treviño y Roberto Iturbide (papás de los padres José Guadalupe Treviño, y Edmundo Iturbide, MMSPS.) Este día el padre Moisés escribió muy conmovido:

Ayer Día feliz, a las 6:30 en la Capilla de las hermanas de la Cruz fui ordenado sacerdote, por monseñor Ruiz. Fue día de gracias para mi alma. Día de mucho movimiento, bendito sea Jesús.

¡Oh mi Uno, oh mis Tres, lo que habéis hecho conmigo! ha sido únicamente por tu grande misericordia. No tengo otra cosa que hacer, sino darme, decirte Dios mío, que hagas de mí lo que quieras, me doy enteramente, aceptando todo, de hoy en adelante, seré más tuyo, más semejante a ti. Resuelto a seguirte por el camino estrecho del Calvario muy cerca de Ti, y desprecio con toda energía: placeres, honores, riqueza y todo propio querer. Ratifico mis entregas totales anteriores, estoy en lo dicho y olvida mis infidelidades tantas. Deseo ardientemente corresponder a tus favores, ser santo sacerdote, ser perfecto Misionero del Espíritu Santo, con aquella perfección que deseas. Deseo tener mi voluntad unida íntimamente a la tuya, renunciando perfectamente a todo propio querer. Aquí estoy, dispón de mí.

Oh María, Madre mía de Guadalupe, alégrate, tienes otro hijo sacerdote. Que jamás suba yo al altar sin ti. En tus manos me encomiendo y pongo mi vida sacerdotal. Madre, ayúdame.

Sacerdote en familia

Una vez ordenado sacerdote, el padre Moisés realiza su primer apostolado con la familia, llenando de alegría los corazones de sus seres queridos con su presencia, pues con el permiso del padre Félix, hizo un recorrido por algunos lugares del Estado de Puebla, para visitar a su bienhechora y al sobrino de ésta el padre Sedeño, a su hermana Hermelinda y a sus hermanos de la Escuela Apostólica de Santa Ana Chiautempan. A su regreso, continúa con su ministerio y demás responsabilidades.

Ministerio Sacerdotal

El padre Moisés en su primer año de sacerdocio inició su ministerio en Morelia, en el Templo de la Cruz, donde permaneció por muy breve tiempo. Allí celebraba la santa misa, confesaba y continuó con la formación del grupo de acólitos, apostolado que había comenzado cuando era estudiante; también asesoraba a los grupos ya existentes, siendo uno de ellos el de las Amigas de Jesús (Asociación de Adoradoras). Pronto las manifestaciones del carisma como Director Espiritual empezaron a notarse, pues, muchas personas lo buscaban por su fervor y estilo de confesar.

Además de celebrar misa y confesar, el padre Moisés supo complementar su ministerio valiéndose de los dones que el Señor le concedió, por ejemplo: el canto litúrgico (tenía muy buena voz), los sermones (era buen predicador) y su gran atractivo para con los niños (los acólitos sobre todo), en quienes promovió la vocación al Sacerdocio y a la Vida Religiosa. 

El gran dinamismo apostólico con el que comenzó su ministerio el padre Moisés, pronto se vio interrumpido por el cambio de casa, puesto que tuvo que regresar a México, al noviciado, para prepararse a su profesión perpetua. En su Diario Espiritual escribe:


Había pasado el día como siempre, no presentía nada, Jesús, me preparaba algo doloroso... Confesé antes de Misa, celebré y cuando subí a desayunar, me dijo nuestro padre que debía salir con él para la Escuela Apostólica, en Santa Ana Chiautempan, Pue., en el tren de medio día, y por el tiempo de algunos meses hasta mi Profesión Perpetua. Recibí esto sin mutación, pero con mucho dolor de corazón y a la vez muy apegado a la Voluntad de Dios. Confesé algunas almas en el curso de la mañana y me despedí de ellas. ¡Qué hermoso es el sufrimiento del corazón! Dejaba en un momento dado a las almas que Dios me había encomendado, dejaba las primicias de mi apostolado. Sí, Dios mío, lo siento, pero estoy en paz, tranquilo, pues Tú lo quieres, te pido por ellas, te las dejo, te las entrego y, estoy seguro, no perecerán, las guardarás, las dirigirás.

Llegó la hora de partir y entré a despedirme de Jesús. Por última vez visitaba al Jesús de la Cruz y de sus Amigas (Asociación de Adoradoras), lloré... Lloraron algunas almas que estaban ahí... Al despedirme hice un esfuerzo para no manifestar nada, sobre todo a nuestro padre, y así procuré pasar todo el camino. A las 12:00 de la noche salimos para México y llegamos a las 9:00, celebré en casa de nuestra madre (La señora Concepción Cabrera de Armida, inspiradora de las Obras de la Cruz), volví a la casa noviciado, traté de distraerme. Volví a la casa de nuestra madre a celebrar... Siento aún tristeza, pero al mismo tiempo paz. Todo es de Dios.     


Es comprensible que fuera dura para él esta prueba, al tener que abandonar inesperadamente sus actividades que como sacerdote recién ordenado empezaba a ejercer con gran celo apostólico, dedicándose con toda su alma al confesionario. Pero todo lo sufrió con grande fe, aceptando la voluntad de Dios.

Estando en el noviciado, su ardiente caridad y olvido propio, lo llevaron a visitar todos los días el Lazareto de Tlalpan donde confesaba a los soldados enfermos, por lo que adquirió el contagio de viruela. En la revista La Cruz de 1953, el padre José Guadalupe Treviño escribió:

En marzo de 1923, hubo en México una fuerte epidemia de viruela hemorrágica y el padre Moisés fue al Lazareto para asistir a los soldados enfermos acumulados ahí en gran número. Era un gran edificio donde reunían a los soldados enfermos de algún mal contagioso, desde la tuberculosis hasta la lepra. En una ocasión auxilió a un soldado con viruela negra o hemorrágica, muy grave y contagiosa.- El padre Moisés se contagió. Los caracteres de gravedad que revistió esta enfermedad en el padre Moisés, fueron tan graves que el médico lo desahució y pronosticó que no tenía remedio.- Pero lo que no pudo la ciencia lo alcanzó la oración. Se oró mucho por su salud, sobre todo las religiosas, y, después de luchar, recobró la salud.

En su Diario Espiritual el padre Moisés anota el día 14 de marzo: 

Grave de viruela. Dios me salvó por tantas oraciones como se hicieron. ¡Bendito seas, Dios mío!

Su disposición de servir a la Iglesia en los hermanos a través del Sacerdocio fue notoria, porque su única ilusión era salvar y llevar almas a Jesús el amado de su vida. "Yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado".


Profesión Perpetua

El espíritu de fe sigue vivo en el padre Moisés, al tener que pasar por la prueba de la incertidumbre antes de su profesión perpetua. El período entre sí y no y que será tal día, dio ocasión a un gran crecimiento espiritual en él : 

Mi profesión está en tus manos, algunas veces me dicen que será el día 25, otras que no. No sé, pues... cuándo quieras... dame lo que necesito... y después pídeme lo que quieras. Señor. "In simplicitate cordis tibi offero universa" (en la sencillez de mi corazón, te ofrezco todo). Me recuesto en tu pecho. 

Está claro que en este tiempo el Señor le regala al padre Moisés luces especiales sobre el abandono, el que lo va llevando más y más a la perfección.

Por iniciativa propia, empezó la preparación para sus votos perpetuos con una cuarentena de prácticas. 

-Hoy comencé 40 días como preparación a mis votos perpetuos-:  

Prácticas: 
empequeñecerme siempre, siempre en todo, lavar los trastos, oficio humilde. etc. Si me permiten ayunaré... Adoración, penitencias corporales... obediencia".  

Posteriormente, con los Ejercicios Espirituales predicados por el padre Félix, también se prepara a dicha profesión (él así toma los Ejercicios) aún sin saber la fecha:

Alma mía déjate llevar, déjate hacer... silencio interior y soledad con suma suavidad y sin esfuerzo.

El padre Moisés tenía la certeza de que Dios lo haría, por eso durante sus Ejercicios no cesa de recordar el llamado a la Vida Religiosa además del Sacerdocio: 

Dije en mis adentros "seré de Dios", y mi vida la emplearé en el estado más perfecto... ¡Cuántas cosas han pasado...! Hoy dentro de dos días, Señor, me harás otro favor que es complemento de aquél... subiré al altar y cumpliré lo que entonces, te prometí. "Haré mi profesión perpetua" seré religioso para siempre... para toda mi vida.

Según las crónicas del noviciado se apunta: A las 10:30 de la mañana comenzó la misa solemne del día 25 de diciembre de 1922 con la asistencia de muchos bienhechores y conocidos de la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. El padre Félix, revestido con capa pluvial entonó el Veni-Creator y terminado, toda la comunidad pasó a la Sala de Capítulo para efectuar las ceremonias que el ceremonial pide en las circunstancias de una profesión. Terminadas éstas continuó la misa.

Los padres que profesaron a perpetuidad fueron los primeros en ingresar al Instituto, Moisés de Jesús Lira, y Domingo José de la Cruz Martínez. En este orden se abre el libro de Actas.

P. MOISES DE JESUS.
Acta No. 1

El suscrito, Superior General de los Misioneros del Espíritu Santo, recibió los Votos Perpetuos del padre Moisés de Jesús (Moisés Lira, del Arzobispado de Puebla) en la Capilla de la Casa Central y en presencia de toda la comunidad.


Dicho padre había pronunciado sus primeros Votos Temporales el 4 de febrero de 1917, y fue debidamente dispensado de los meses que faltaban para los seis años de votos temporales que prescriben nuestras Constituciones (y que vencían hasta el 4 de febrero de 1923).

Tlalpan, 25 de diciembre de 1922. (Firmado): Félix de Jesús Rougier, MSPS. Superior General. Moisés María de Jesús, MSPS. Doy fe: Felipe M. Torres MSPS. Sello: Congregatio Misionariorum Spíritus Sancti".  

Muy agradecido con Dios Nuestro Señor el padre Moisés escribe: 

Día 25. Votos Perpetuos. Celebré la Misa con los hermanos Maristas a las 8:00 La ceremonia fue como a las 9.30. Hubo mucha gente, mis hermanas, Petrita y almas. El padre Guadalupe Treviño, no estuvo ¡bendito sea Dios! nuestra madre ¡tampoco!. Oh alma mía, nos dimos únicamente, sin restricciones y para siempre. Hubo mucho movimiento. Por la tarde fuimos a la Villa y me di a María, mi Madre.





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