Vida Religiosa

VIDA RELIGIOSA DE MOISÉS LIRA S. 
(1918-1922)

Profeso edificante

El hermano Moisés Lira Serafín, el primero que entró a la Congregación aquel memorable 25 de diciembre de 1914, fue un profeso muy edificante. De esta manera se expresaba el padre Vicente Méndez, MSPS., y continúa diciendo en su libro Mis mejores recuerdos: A mí me edificaba y me hacía pensar cómo el Espíritu Santo, al primero que vino a la Congregación, le comunicó grandes dosis de fe. Supo comprender Moisés su misión de pionero, que bien se perfiló desde el noviciado de la calle de la Fama", en Tlalpan; lugar tranquilo y silencioso, alejado del bullicio del mundo, muy apropiado al gusto del hermano Moisés, quien aprovechaba todo para la comunicación con su Padre Dios.

Con verdad el Señor dijo: Rogad al Dueño de la mies, que envíe operarios, pues siempre hay que interesarse por las vocaciones, porque éstas son escasas y hacen falta en su Iglesia. Por eso el padre Félix se preocupaba porque la Congregación fuera creciendo con vocaciones que perseveraran. A los tres años de fundación -había sólo dos profesos, el hermano Moisés y el padre Domingo y un novicio, el padre Constantino. El hermano Moisés se sostuvo siempre firme en la fe, a pesar de lo que le apenaba el ver que entraban y salían, sin perseverar. En los primeros que abren brecha, tiene que haber una fe purísima y avasalladora. Moisés fue verdaderamente hijo primogénito del padre Félix de modo notable, sobre todo en la fe. 

Según se anota al principio, entendemos que el noviciado ya no estaba en Tacuba, pues el día 8 de septiembre de 1917, el padre Félix y sus novicios pasaron a instalarse a la casa de Tlalpan, calle de la Fama No.3, gracias a la caridad de la familia Sáenz. Dios Nuestro Señor había arreglado así las cosas para dar a los Misioneros esta casa, en vista de las vocaciones que se disponían a entrar a la Congregación.

En ese tiempo la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo no contaba con otra casa más, que la del noviciado, por eso después de haber profesado el hermano Moisés y el padre Domingo, permanecieron los dos aquí por un tiempo, en un departamento separado de los novicios atendiendo a las normas del Derecho Canónico y de las propias Constituciones. Tenían en común los actos de piedad en la capilla y el resto del horario lo distribuían según el cuadro de vida: profesos-novicios.

Es de suponer que Moisés daba gracias a Dios por estar cerca del padre Félix, de quien seguía recibiendo con gran fe y obediencia todas las indicaciones, llevando esto a su formador a decirle a los novicios: 

Fíjense en Moisés, lo tenéis como modelo, es el primer profeso de la Congregación. Tiene el Espíritu de la Congregación.
Respecto al espíritu de sacrificio en Moisés, el padre Manuel Hernández, MSPS., testifica: Vi en el hermano Moisés cosas muy bonitas: Por ejemplo al llegar nosotros, el primer grupo numeroso de novicios en noviembre de 1917, hacía en Tlalpan un frío terrible. Se procuró que todos tuviéramos el debido abrigo por la noche, y como a los dos meses, nos dimos cuenta de que el hermano Moisés, para que nosotros tuviéramos suficientes cobijas, se había quedado con pura sábana... ¡dos meses de frío! ¿Qué hizo el pobrecito? Yo no sé.

Una de las prácticas religiosas en el noviciado de Tlalpan era el capítulo de culpa y tanto los profesos como los novicios hacían dicha práctica de rodillas ante la comunidad, todos los viernes. En esto dice el hermano Luis Ramos, MSPS., en su testimonio: 

Moisés era sumamente humilde y sincero. A veces no solamente se acusaba de las faltas ordinarias, sin importancia...

También se acostumbraba recibir la monición en la sala de comunidad. El la daba con caridad y de modo muy humilde, tratando de no humillar y la daba con mucha amabilidad.

En los recreos Moisés siempre sonreía y tenía cara alegre, aún en medio de las penas y sufrimientos debido a su vida interior, que era intensa. Era muy agradable, tenía el sentido del humor, contaba chistes sanos y también solía hacer alguna travesura.

Un fragmento del testimonio del padre Edmundo Iturbide que fue Superior General de la Congregación por dos sexenios dice: 

Lo conocí mucho, era un alma muy llena de Dios. Lo quise mucho, fue un alma predilecta de Dios porque fue el primero que puso como piedra angular de la gran Obra del padre Félix".

En las crónicas del noviciado encontramos: El hermano Moisés, diligentemente y con mucho entusiasmo, se prestaba a todo, a la vez que desarrollaba su creatividad. Tomó siempre mucha parte festiva en los cantos litúrgicos, por ejemplo, Pentecostés u otra fiesta, era de los primeros que se prestaban para cantar con el padre Treviño que tocaba el armonium.

Lo descrito nos da una idea del perfil espiritual del hermano Moisés en sus primeros años de profeso, pues como afirma el padre Ramón López, MSPS: 
Se ve claramente cómo Moisés vivió ya desde entonces ese "buscar el gusto de Jesús y dárselo.

Socio del padre Félix

La adhesión a su superior y el espíritu de servicio para con él y con todos, eran sobresalientes en el hermano Moisés, lo que le mereció ser llamado por el padre Félix mi socio. En el noviciado de Tlalpan, era su ayudante de confianza que muy activo se prestaba para todo. El padre Félix lo estimaba mucho, y además era el único profeso en casa, pues el padre Domingo, estaba de superior en el Templo del Espíritu Santo en Tacubaya". 

Cuánta fidelidad debió exigirle al hermano Moisés el nombramiento de socio, pero qué gran ayuda fue para el padre Félix, sólo por agradar a Jesús. En el noviciado cuidaba de la observancia religiosa de la comunidad. Después recibió el encargo de vigilante de la Escuela Apostólica.

El padre Félix conoce bien al hermano Moisés, sabe que puede fiarse de su primogénito y que descansa en él, por eso cuando viaja a Roma para pedir su traslado a la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo, desde la Habana le recomienda en una de sus cartas: 

 Usted cumpla con la hermosa misión de "vigilante". Usted no se duerma y defienda su pequeño rebaño. "Mucha vigilancia, mucha amabilidad y bondad. Sea muy madre con ellos. Nada de impaciencias. Darles el buen ejemplo en todo, en todo". Su afmo. Padre que lo bendice: Félix de Jesús.

Como buen hijo, Moisés no hace esperar mucho su respuesta, que escribe desde el oasis del Congreso: 

S.R. esté tranquilo, durante su ausencia seremos más observantes, más obedientes, más caritativos, pero no nos apartaremos del camino que S.R. nos ha delineado. -Es su pobre hijo. Moisés de Jesús-.

Ya de sacerdote, vuelve a prestar el servicio de socio del padre Félix en el noviciado, con el cargo de maestro de casa, él mismo lo expresa: 

Hace dos días me dieron el cargo de maestro de casa. Debo ver mucho en el régimen del noviciado... Ahora sí ya comienzo a ser "Cristo crucifixus cruci", (Cristo crucificado en la cruz) Dios mío, tuyo, siempre tuyo.

En la vida religiosa el cargo de maestro de casa, no es un cargo de honor, es un servicio que lleva a tomar la responsabilidad del orden y buen funcionamiento de la casa. Sin embargo el padre Moisés olvidándose generosamente de sí mismo, acepta como siempre con humildad la voluntad de Dios, ahora manifestada en su superior al pedirle tal servicio.

Estudiante de Filosofía y Teología

En el noviciado, la vida del hermano Moisés estudiante-profeso, transcurría cultivando el huerto, cubriendo las horas de adoración ante el Santísimo Sacramento y como reglamentario.

Como la Congregación no contaba todavía con un Escolasticado y debido a que el Seminario Conciliar estaba clausurado por la persecución religiosa, el hermano Moisés tuvo que estudiar la Filosofía en casa, en particular de 1916 a 1918, recibiendo las sabias orientaciones del padre Félix. Inició estos estudios siendo novicio de 2o. año en el noviciado de Tacuba. Para hacer esto, el padre Félix tuvo que haber obtenido el permiso de tener las clases de Filosofía en casa y después ocuparse de que dichos estudios fueran legalizados. El día 28 de abril por la tarde fue examinado sobre las materias correspondientes al 3er. año de Filosofía y de Historia de la Iglesia, en presencia de la comunidad. Después del examen, recibió la calurosa felicitación del padre Félix su superior, de los padres Domingo y Constantino y de los novicios.  

Antes de terminar el curso de Filosofía correspondiente al 3er. año, el día 4 de febrero de 1918, el hermano Moisés con gran fervor hizo la renovación de sus votos de pobreza, castidad y obediencia en compañía del padre Domingo. 

Sus solicitudes de renovación de votos, no tienen una fórmula especial, a la que se hubiera sujetado, por lo que es fácil ver en cada una de ellas una gran riqueza espiritual de la proyección de su alma en relación con sus superiores y con Dios, su entrega a El y sus propósitos. Se transcriben dos:

Al muy R.P. Félix Rougier, S.M., Maestro de Novicios y Superior de los Misioneros del Espíritu Santo. Reverendo Padre: Acercándose el día aquel en que se cumple el 1er. aniversario del acto bendito, en que, por la gracia de Dios y bondad de V.R. emití mis primeros votos religiosos. Deseando vivamente pertenecer para siempre al cuerpo de este amado Instituto de los Misioneros del Espíritu Santo, humilde y encarecidamente suplico a V.R. se digne permitirme que renueve por un segundo año los santos votos religiosos de Pobreza, Castidad y Obediencia; advirtiendo a V.R. que si hasta aquí no he sido enteramente fiel a mis deberes religiosos, prometo, con toda sinceridad, que no será así en el porvenir, no; sino que con la gracia de Dios y con todas mis energías me esforzaré por adquirir la más alta perfección religiosa propia de un Misionero del Espíritu Santo, y ser, cueste lo que cueste, lo que Jesús quiere que seamos en esta Congregación.- Anticipo mi agradecimiento por su favorable determinación y pido a Dios que conserve a V.R., siempre a nuestro lado para su mayor gloria y nuestro bien espiritual.- Su hijo en Jesús que con todo respeto b.s.m. (firma) Moisés de Jesús. 1918.


Al M.R.P. Félix de Jesús, Superior de los Misioneros del Espíritu Santo: Muy amado Padre: Estando para terminar el segundo año de votos temporales y deseando vivamente seguir teniendo la gracia de pertenecer a esta querida Congregación de Misioneros del Espíritu Santo, con todo respeto y humildemente me dirijo a V.R., suplicándole se digne llamarme a renovar mis votos simples de Pobreza, Castidad y Obediencia, por otro tercer año, prometiendo a V.R., con todo corazón, como a representante de Dios, que me aplicaré con su gracia y toda mi energía a obtener el espíritu propio de nuestra Congregación, a corresponder fielmente a mi vocación y ser verdaderamente lo que Jesús quiere de nosotros. Anticipando mis agradecimientos por su favorable determinación, pido a Jesús lo llene de sus gracias para bien de su alma y de esta Congregación. Tlalpan, enero de 1919. Su pobre hijo q.b.s.m., Moisés de Jesús.

Esta etapa de estudios para el hermano Moisés, se caracterizó por los momentos especiales de gracias, pues aunque estaba en el noviciado, no era ni novicio, ni sacerdote, sino único estudiante-profeso, que supo de soledades, esto fue una cosa heroica, porque él en medio de todos andaba siempre solo, solo hacía su recreo, ya que no podía hablar con los novicios por obedecer la prescripción canónica y su compañero el padre Domingo, salía a ejercer su ministerio sacerdotal.
Durante el período: 1919-1922, el hermano Moisés de Jesús estudió la Teología. Inició dichos estudios en el Seminario Conciliar de la ciudad de México y a él le tocó abrir brecha para la Casa de Estudios en Morelia donde hizo los cursos de tercero y cuarto.

Siendo estudiante de Teología pide al padre Félix renovar sus votos por tres años, según consta en su solicitud de renovación del mes de enero de 1919. En su expediente personal como Misionero del Espíritu Santo, se encuentra que en este mismo año, recibió la primera tonsura y las cuatro Órdenes Menores.

El 26 de octubre de 1920, con la bendición del padre Félix y llevando la consigna de "id y enseñad” a las almas el camino del cielo, sale el hermano Moisés del noviciado de Tlalpan con el padre Constantino Espinosa y otros cuatro religiosos: Angel Oñate y José Ma. González, estudiantes: Alfonso Pérez y Benjamín Portugal, hermanos recién profesos, que en compañía del padre Félix se dirigen a fundar la primera comunidad de Misioneros del Espíritu Santo fuera del Distrito Federal, en Morelia (Templo de la Cruz). 

Cuando el hermano Moisés cursaba el tercer año de Teología en Morelia, entró a retiro para prepararse a recibir el Subdiaconado. Juntamente con otros religiosos Agustinos le fue conferido por monseñor Leopoldo Ruiz y Flores, Arzobispo de Michoacán. He aquí el Acta:

"24 de Septiembre de 1921 -Ilmo. Sr. Arz. Leopoldo Ruiz en Morelia- Templo Parroquial de la Merced. Título: Servitii Eclesiae"(30)-100 Observaciones: presentó Dimisorias del Ilmo. Sr. Arzobispo de Puebla y de su Superior Religioso.

El 28 de noviembre de 1921, se hace la apertura del nuevo año escolar en el Seminario, para cursar el cuarto de Teología, por lo que el hermano Moisés continúa sus estudios, y el 17 de diciembre recibe el Diaconado según el documento siguiente:

"Certificado del Ilustre Sr. D. Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia acerca del Hno. Moisés Lira Religioso profeso de votos simples en la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo ya Subdiácono en vista del sagrado Diaconado. Dado en Morelia el 17 de diciembre de 1921, Sábado IV de las Témporas de Adviento".


Al conocer a grandes rasgos el camino del hermano Moisés como estudiante-profeso, se constata que amaba su vocación y que generosamente con fe y humildad recorrió su proceso en los primeros años de vida religiosa.

Formación Permanente

Como ya se dijo anteriormente, el padre Félix siempre estuvo al pendiente de la esmerada formación de sus religiosos, con cuánto mayor empeño lo ha de haber hecho en la formación de su primogénito, pues aprovechaba todas las oportunidades para hacer que viviera sólo para Jesús por María, acentuando cada vez más el querido color de la Espiritualidad de la Cruz. Además de la preocupación del adelanto espiritual, le deja sentir también el grande y apacible afecto paternal que le tenía. Dejemos que ellos nos hablen en algunos extractos de sus cartas. 
Del padre Félix al hermano Moisés:


 La atención amorosa a Dios debe preocuparle más; Nuestra vía es la contemplación. Y hasta allá debemos llegar, aunque sea a los grados inferiores, pero llegar. Sea más y más amable y sonriente con todos. La abnegación se la dio Jesús pero la debe perfeccionar. Todo eso se lo pido a Jesús para su querida alma. Su Afmo. Padre que mucho lo quiere en N.S.J.C. 

Del hermano Moisés al padre Félix:

Oasis de Morelia del Sagrado Corazón. Noviembre 21 de 1920. M.R.P. Félix de Jesús. AMADO PADRE: MI ALMA, luchando por ser pequeñita, confiada en los brazos de Jesús. Está muy lejos de tener esas virtudes propias de los niños, pero no se desalienta, lucharé. Padre mío, sí, siempre lucharé por ser pequeño, pues a cada momento palpo mi impotencia en todo sentido... He ahí mi camino: Pequeñito, Víctima y muy hijo de María. Es su hijo Moisés María de Jesús".    

Cf. María Carmen Contreras, Un camino hacia el Padre, Biografía.


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