Vocación Religiosa
VOCACIÓN RELIGIOSA
Amor a toda prueba
A pesar de la persecución religiosa que se vivía en el país, Moisés seguía confirmándose en su vocación como religioso. Yo quiero ser religioso, me voy con los Jesuítas. Esa era su idea, pero cuando conoció al padre Félix de Jesús Rougier su decisión cambió.
Como las decisiones son ocasionadas por la duda, estos momentos fuertes de la vida llevaron a Moisés a hacer un gran discernimiento vocacional:
Me iba a mi cuarto, cerraba las puertas, me ponía a oscuras, y de rodillas reflexionaba: ¿ con los de San Ignacio? o ¿con el Espíritu Santo?. Aunque el Padre Félix me habló también de los Maristas, quería que me fuera con ellos. ...
Un día, un padrecito me dijo que si no guardaba bien los mandamientos de Dios, menos los Consejos Evangélicos... a punto estuve de no entrar a la vida religiosa. Sin embargo pensé: Si muchos entran al convento, yo, ¿por qué no?.
Mientras esto ocurría en la vida del joven Moisés, la persecución religiosa tomaba más fuerza. El 8 de septiembre de 1914, el Seminario se suspendió en la ciudad de Puebla, más tarde, los colegios particulares fueron cerrados, se prohibió la celebración de la misa entre semana y la administración de los sacramentos; se sacrificaba y se encarcelaba a los sacerdotes, en fin, se cometía todo tipo de desórdenes y arbitrariedades.
Un viaje inesperado
En esos días confusos para todo el país, nadie preguntaba el por qué se hacían viajes sorpresivos e inesperados. La mayoría pretendía salir a alguna parte procurando aliviar las dudas y reconfortar una esperanza.
Petra Munive y su sobrino el padre Sedeño resolvieron viajar a Cuba pasando por Veracruz, pensaban llevar con ellos a Moisés y gozar de la agradable compañía del padre Campos, amigo entrañable de la familia y del licenciado García Cano, primo de la señorita Petra. El joven Moisés al enterarse del viaje, sentía haber resuelto su vida sin calcular ni medir las consecuencias. La situación en el país era cada vez más difícil y partir para Veracruz, le daba la oportunidad de lograr su objetivo de ser religioso, pues se decía:
Ahora me voy con ellos a Veracruz... al llegar me subiré en un barco y me iré a Cuba a un lugar donde haya religiosos.
Este viaje fue la trágica odisea por la cual Moisés y sus compañeros probaron los sinsabores de la persecución religiosa en México. Al salir de Puebla, en la estación la Soledad, al poco tiempo de haber abordado el tren, hombres de tropa subieron a los vagones. Al llegar al carro donde Moisés viajaba, se detuvieron frente a Petra Munive interrogando a los sacerdotes con actitudes severas, ordenándoles bajar al instante, la señorita Petra y su anciana tía también tuvieron que bajar. Moisés, quien se encontraba todavía arriba, consideró que no era actitud varonil quedarse en el carro mientras sus mayores arriesgaban la vida. Así fue como repentinamente llegó a unirse con su grupo el que estaba rodeado por los soldados, quienes le preguntaron: -¿y tú quién eres? ¿para qué estudias?- ¡yo vengo con ellos, y estudio para sacerdote! fue la respuesta clara y lacónica de Moisés, por lo que Petra Munive, se acercó y le suplicó diciéndole: -¡ten cuidado con lo que respondes!. ¡No diré mentiras replicó Moisés, se me conoce cuando las digo!.
Después de que fueron interrogados por los soldados, los obligaron a caminar hasta llegar a una ladrillera, donde los mismos soldados se turnaban la vigilancia de sus prisioneros, a quienes llamaban por su nombre cada vez que repasaban la lista. Esta pesadilla duró unos días en la que sintieron la humedad, el frío y el insomnio por las noches sin dormir llenas de sobresalto y angustias, esto era solo el principio de lo que más tarde les esperaba en Córdoba, en donde los llevaron a declarar a Palacio, como presos, uno por uno.
Fue entonces dice Moisés, cuando me quitaron mi libro de "Fabiola" y los tres centavos que tenía; el 12 de diciembre nos mandaron a la cárcel, ¡eso sí que es feo!.
A pesar de esos contratiempos, Moisés rezaba fervorosamente seguro de ser escuchado. Su oración precisaba la paz oculta de su corazón.
Después de dos semanas de angustiosa aventura, el Señor escuchó las súplicas de Moisés y de todo el grupo de prisioneros, pues un día por la noche recibieron la noticia de que quedaban libres.
De vuelta a Puebla
Volvimos a Puebla. Nos cortaron el tren en Huamantla y llegamos a la ciudad en las posadas ya próximas al 25 de diciembre de 1914. Estas son palabras de Moisés al recordar más tarde sus experiencias vividas cuando realizó el regreso a casa después de su detención en Córdoba.
Parecía como si los acontecimientos sucedidos hubieran borrado de la mente de Moisés su compromiso con el padre Félix de Jesús Rougier de atender a su invitación para la fundación de lo que después sería la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. El vice-rector del Seminario se encargó de recordarle dicho compromiso por medio de un recado escrito que decía: El padre Rougier te busca. ...
No fue difícil para Moisés encontrar al padre Félix en el Seminario, indudablemente ambos se alegraron por el feliz encuentro y sin esperar más, el padre Félix le hizo de nuevo la interrogante pregunta: ¿qué has pensado?. -"Irme con su Reverencia"-... Contestó inmediatamente Moisés.
A la señorita Petra causó mucho dolor enterarse de la resolución de Moisés, la cual había tomado de acuerdo con su confesor y no era ya el momento de esperar más. Ella tenía la esperanza de entregar a su muchacho al Divino Jesús el día de su ordenación sacerdotal como lo había hecho con los demás seminaristas protegidos. Mientras Moisés sufría al ver el dolor de su bienhechora, se hacía esta pregunta para sus adentros: ¿dejar a Dios por Dios?.... ¡No es pecado! y arrodillándose pidió una disculpa a la señorita por la pena que le ocasionaba y ella lo bendijo dándole su consentimiento.
Dios ganó la partida
El 23 de diciembre de 1914, Moisés confirma para siempre su compromiso con el Señor y le da su palabra en la persona del padre Félix de Jesús Rougier quien lo esperaba impacientemente en la estación del ferrocarril que los llevaría a la ciudad de México para hacer la fundación. ¡Aquí estoy!, dice al padre Félix, quien exclama: ¡esos son los hombres! y sin perder más tiempo suben al tren los dos.
El viaje a la ciudad de México fue tranquilo a la vez que lleno de recuerdos para Moisés que le parecía escuchar el canto del gallo madrugador de los vecinos Poblanos, así como el ronco grito del centinela que lo despertaba en Córdoba. La historia escribe en silencio sus páginas místicas y heroicas ... porque Dios había ganado la partida en su vida y seguramente una vez más con gran fe lo invocó con su sencillez de niño, con su seguridad de hombre, con la esperanza de pertenecerle: ¡soy solamente tuyo, Señor ... no me rechaces!
Fundación, Misioneros del Espíritu Santo
Por fin, entre luces y sombras llegó el día para que Dios realizara el inicio de esta Obra en su Iglesia tan perseguida y asediada por sus enemigos en México. Después de largas conversaciones del padre Félix con monseñor Ibarra para arreglar el asunto de la fundación, convinieron hacerla el día 25 de diciembre de ese mismo año de 1914. Con respecto a este día, la señora Armida a quien el Señor le había pedido la fundación exclamó: día esperado con oraciones, penitencias, decepciones, con amarguras, dificultades y oposiciones. Por su parte el padre Félix que por voluntad de Dios debería intervenir en la fundación, escribía a su Superior General en estos términos: ¡Qué día tan hermoso para nacer!
Amaneció el día de Navidad de 1914. Cuatro hombres se encontraban dispuestos a iniciar una ceremonia especial, sencilla, los tiempos no permitían hacer algo más. Con anticipación fueron llegando los invitados, un grupo muy selecto y reducido: La señora Concepción Cabrera de Armida, dos religiosas de la Cruz -Guadalupe Monterrubio y María Albarragán- dos religiosas de la Visitación y los señores, José Alvarez Icaza y Catalina su esposa, bienhechores de la naciente Congregación.
La ceremonia tuvo lugar aproximadamente a las 7:00 de la mañana en la Capilla de las Rosas del cerro del Tepeyac, dando comienzo con la santa misa presidida por monseñor Ibarra ayudado del padre Félix que conmovido contemplaba a sus dos hijos con quienes hacía la fundación: hermano Moisés Lira Serafín y el padre Domingo Martínez que como sacerdote tenía sus compromisos por lo que sólo asisitió a la ceremonia y regresó al año siguiente.
Después del rito de despedida monseñor Ibarra dio lectura al Decreto Pontificio que aprobaba la fundación de la Congregación y que llevaría el nombre de Misioneros del Espíritu Santo. En seguida nombró a los dos novicios presentes y a dos ausentes. Para terminar se dirigió a los novicios y a todos los asistentes con estas palabras:
fue providencial que esta nueva Congregación naciera en este lugar en el que en cierto sentido también nació la imagen de la Guadalupana e igualmente se puede decir por el hecho de haber nacido el día del nacimiento de Jesús, cuyas virtudes deberían caracterizar a los Misioneros del Espíritu Santo, pues el misterio de Belén es un modelo de pobreza y sencillez, de candor y de pureza, de paz y de amor. Resaltó al mismo tiempo la misión del nuevo Instituto en la Iglesia que sería la de trabajar en el confesionario y en la devoción al Santísimo Sacramento.
Monseñor Ibarra concluyó este solemne acto con la erección canónica del Noviciado hecha ante todos los presentes:
En virtud de los poderes que me ha conferido la Santa Sede declaro abierto canónicamente a partir de este momento, el Noviciado de la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. El padre Félix aquí presente será vuestro Maestro de Novicios. Respetadlo, amadlo, obedecedle. El os enseñará el genuino Espíritu de la Cruz, y hará de vosotros buenos religiosos. ¡Que Jesús os bendiga, como yo os bendigo!. De rodillas: Monseñor Ibarra, el Padre Félix y los dos novicios se consagraron a la Santísima Virgen: Aquí venimos, oh Madre a consagrarte con todo el amor de nuestra alma esta Obra de Misioneros del Espíritu Santo ...
De esta manera empieza a germinar lo plantado, todos conmovidos y derramando muchas lágrimas, pero dándole gracias a Dios, decía el padre Félix. La señora Armida se desbordaba en gozo y gratitud con Dios Nuestro Señor y también ella escribía: El padre Félix no cabía de dicha; el padre Domingo y el hermano Moisés eran felices.
Único novicio en la primera casa
El día 25 de diciembre de 1914, en que se hizo la erección canónica del Noviciado, éste empezó a funcionar como tal con toda regularidad en su primera casa llamada de los Tepalcates u Hospedería de Puebla que monseñor Ibarra proporcionó al padre Félix y que se encontraba ubicada en la Villa de Guadalupe. Dios quiso que en medio de la pobreza de esta casa desamueblada y fría, tanto el maestro de novicios (padre Félix) como su único novicio (hermano Moisés) comenzaran a vivir la observancia religiosa por medio del reglamento, el silencio y la oración.
Era la tarde del histórico día 25 cuando el padre Félix con la experiencia que tenía como sacerdote y religioso Marista, llamó a su novicio Moisés para iniciar su formación, explicándole de qué se trataba el género de vida que iba a llevar y para empezar, le entregó la campana reglamentaria que debería tocar cada vez que se participaba en los actos de piedad y comunitarios.
¡Oh, Santa Pobreza!. Así exclamaron Francisco y Clara de Asís. Algo semejante han de haber dicho a la hora de la cena del memorable día 25 el padre Félix y Moisés, ya que sólo contaban con un trozo de queso y algunos panecillos que fueron puestos en un cajón de madera, a lo que Moisés llamó mesa y para cubrirla utilizó un periódico que recibió el nombre de mantel. Alumbrados por la luz de una vela metida en una botella que hizo las veces de candil, padre e hijo en el espíritu, al toque de la campana realizado por Moisés, disfrutaron de los sagrados alimentos y de los primeros momentos de vida comunitaria y fraterna, en el noviciado de la nueva Congregación, de Misioneros del Espíritu Santo. Como es de suponer, los primeros días fueron duros para Moisés y el padre Félix, que tuvieron que experimentar la soledad y la pobreza, ni siquiera tenían el consuelo de un sagrario, por el peligro que había a causa de la persecución religiosa; esto los obligaba a salir todos los días a celebrar la santa misa a la Capilla de las Rosas y a hacer su adoración en el oratorio de las religiosas Capuchinas que se encontraba contiguo a la Basílica.
Sólo el Espíritu de Dios que sostiene, fortalece y transforma, fue el que sin lugar a duda actuó en el hermano novicio y su maestro, porque gracias a eso pudieron superar las situaciones adversas ya descritas y las que se les siguieron presentando, sobre todo como personas totalmente distintas por la edad, la nacionalidad, los caracteres que marcaban a uno como Europeo, de mirada penetrante, enérgico, decidido, observante, obediente, hombre de gran fe,... y al otro como Mexicano valiente de carácter fuerte pero alegre, jovial, espontáneo, sencillo, franco, sincero y de una rectitud a toda prueba.
El nuevo peregrinar
Por la persecución religiosa que turbó la paz y la estabilidad del noviciado, el día 3 de enero de 1915, Moisés salió de la Hospedería con su padre maestro para ir a habitar un departamento propiedad de los señores Alvarez Icaza, el cual se encontraba en el centro de la ciudad de México, en la 4a. calle de Santa Teresa (hoy Guatemala No.105). A pesar de que la comunidad seguía sólo con el padre Félix y el hermano Moisés, la observancia religiosa continuaba llevándose con exactitud, así comunicó el padre Félix a su Superior General de la Sociedad de María: Seguimos el reglamento como si fuéramos treinta religiosos. Y esto parece el paraíso.
A los pocos días de haber habitado esta casa se integró a la comunidad del noviciado definitivamente el padre Domingo Martínez y Díaz, lo que hizo posible tener al Santísimo en casa, después de hacer los trámites de permiso para contar con oratorio propio y celebrar en él la misa. El padre Félix en su crónica del día 14 (1915) escribe:
Día feliz. Hemos celebrado esta mañana la Santa Misa en el Noviciado por primera vez y se ha quedado Jesús con nosotros en su pobrecito Sagrario. Esta noche a las 7:00, nos hemos consagrado los tres, una vez más al Sagrado Corazón de Jesús y le hemos entregado la llave de la casa ... ¡Oh Jesús, qué dicha! ¡Tú aquí!". Conmovido el padre Félix y lleno de gratitud para con su Padre Dios, sigue anotando en la crónica del día 15: "Aquí feliz con mis dos novicios: Moisés Lira, que entró el 25 de diciembre y Domingo Martínez que entró el 8 de enero de 1915.
La estancia del noviciado en esta casa del centro de la ciudad fue por poco tiempo pues de nuevo el padre Félix con sus novicios siguieron peregrinando debido a la situación política del país que era terrible: guerra, hambre, ataques a la Iglesia ... etc., cumpliéndose así las palabras de Nuestro Señor cuando pidió a Concepción Cabrera de Armida la fundación de la Congregación: Esta Obra le dijo, se fundará en la agonía de la nación.
Dios que vela por toda obra buena no tardó en hacerse presente y a través de sus hijos de buena voluntad se dio solución a esta situación de que el padre Félix y sus novicios tuvieran otra casa para establecerse, ahora en Tacuba, D.F., en la casa de campo de los Arzobispos de México. Llegaron a ella el día 20 de enero después de haber obtenido el permiso de monseñor Paredes. Aquí el padre Félix y los novicios pasaron dos años en aparente tranquilidad, pues la paz era interrumpida por el ruido de la guerra y la amenaza de la constante persecución a la Iglesia y a sus ministros, por lo que el padre Félix tuvo que esconderse según la resolución de monseñor Ibarra, ya que había orden del gobierno de desterrar a los sacerdotes extranjeros. Estando recluido en el colegio que atendía la señorita Bordes en la calle de Atenas 46, el padre Félix escribía a monseñor Ibarra:
Aquí estoy escondido, solo, todo el día, pensando en mis novicios... trabajando por ellos.Y agrega: Escribo cada día a Tacuba y los novicios me escriben. Tengo la certeza de que serán muy fieles en guardar su reglamento y en hacer el trabajo que les está minuciosamente fijado.
Pinceladas del Formador
El padre Félix se dedicó con mucho esmero a la formación de los primeros novicios Misioneros del Espíritu Santo, pues en esto cifraba el futuro de la Congregación. Así escribía:
Pida por este pequeño Noviciado. Es la semilla escondida en la tierra que lentamente germina; pero, es semilla, es trigo rubio y bueno que promete abundantes cosechas para más tarde.
Como buen formador no se le pasaba detalle alguno en las conferencias, en las meditaciones, en la dirección espiritual y en las lecturas; en todo infundía en el alma de sus novicios el genuino espíritu religioso y el espíritu propio de la Congregación, el querido color, como diría él más tarde refiriéndose a la Espiritualidad de la Cruz. No solo formaba de palabra sino también con el ejemplo, al enseñar la vida propia de los Misioneros del Espíritu Santo, vida de oración, de recogimiento, de sacrificio, de delicadeza con Nuestro Señor; vida de amor, de alejamiento del mundo, es decir vida de atención amorosa a Dios. ...
La Espiritualidad de la Cruz sintetizada en pureza, amor, dolor que el Señor sugirió a la señora Armida, para esta Congregación y que no era una simple teoría para el padre Félix, quiso transmitirla a sus novicios por medio de la austeridad y el sacrificio. La austeridad se manifestaba en el horario, la comida, el vestido y los muebles. Posteriormente el hermano Moisés recordaba:
Durante mis dos años de noviciado tuve mi hora de oración de 11:00 a 12:00 de la noche, en el gran silencio". "¡Gozaba yo tanto!.
Una de las características del sacrificio era disciplinarse durante diez Avemarías todos los días al levantarse, y el ayuno y la abstinencia cada ocho días. Además libremente se le pedía permiso al padre Félix para practicar las mortificaciones individuales y la disciplina de sangre. Moisés como buen hijo de la Cruz y como primer Misionero del Espíritu Santo, fue muy mortificado, al grado que no creo que otro Misionero lo haya superado, dice el padre José Guadalupe Treviño, MSPS.
Otro matiz fuerte que el padre Félix acentuó en sus novicios, fue el amor filial a la Santísima Virgen, ya que por pertenecer a un Instituto Marista, llevaba muy arraigado el amor a María, amor que supo infundir a sus hijos los Misioneros del Espíritu Santo, hasta recomendarles en los últimos momentos de su vida: Con María todo, sin Ella nada.
Para Moisés que estaba ávido de doctrina, fue fácil captar el matiz Mariano que su padre maestro le transmitía y más tarde ya sacerdote fundó dos Agrupaciones para honrar a la Santísima Virgen, así como la Congregación religiosa de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada.
El fervor del noviciado
El hermano Moisés recibió el Hábito de novicio el día 16 de enero de 1916, de manos de monseñor Ramón Ibarra y González, Arzobispo de Puebla, en México, D.F. Desde el inicio de su vida religiosa se percibió en él un gran deseo de perfección y de entrega al Señor. El padre Félix anotaba el día 2 de enero de 1915:
Hay paz, tranquilidad, felices ambos aquí (yo y el hermano Moisés) con los mismos pensamientos y los mismos deseos de perfección.
Fue a Moisés a quien tocó recibir la primera y austera formación que daba el Fundador, bebió de la fuente el genuino Espíritu de la Cruz que exige amor, sacrificio y pureza, espíritu que supo introducir en su vida con todo el fervor de que era capaz, a tal punto que al mes de ser novicio, para significar que la posesión de Jesús era irrevocable, tomó espontáneamente el nombre de MOISES DE JESUS. Esto agradó al padre Félix, su maestro de novicios:
Me gusta que haya firmado Moisés de Jesús, eso indica lo que quiere usted ser: Todo, todo de Jesús. "¡Qué bueno!. ¡Qué hermoso!. ¡Qué ideal!". Ser de Jesús.
Como el noviciado es una gran escuela de virtudes que no sólo se aprenden sino que se practican a la vez, Moisés el primer hijo, el primogénito , el compañero como lo llamaba el padre Félix, se caracterizó por su sencillez, por su veracidad, por su humildad, por su pequeñez espiritual y por su espíritu filial. De ahí deriva el carisma de Infancia Espiritual que vivió dentro del Espíritu de la Cruz, carisma que transmitió después a las religiosas de la Congregación que él fundó. Moisés realizó en sí mismo lo que la señora Armida escribía de parte de Dios, acerca de cómo debían ser los Misioneros del Espíritu Santo: Almas pequeñas, almas de niño confiado; puros, sencillos y candorosos como los niños.
Otra de las virtudes que dibujan la figura espiritual de Moisés es la fe como fundamento de todo y que él vivió con una actitud heroica en grado sumo.
El padre Félix en su informe a monseñor Ibarra del mes de febrero de 1915, apuntaba:
Siguen los novicios (Moisés y Domingo), a mi satisfacción: piedad, trabajo, obediencia, silencio, regularidad, todo va bien, gracias a Jesús.
¡Con qué entusiasmo se aplicaría el hermano Moisés en llevar a cabo y al píe de la letra el programa espiritual que le trazaba su padre Fundador y Formador en el Noviciado!, pues era manifiesto que este programa no solo lo llevaba a la perfección y unión con Jesús, sino que también era ocasión de grandes sacrificios.
Profesión religiosa
Después de haber cumplido los dos años de noviciado prescritos por las Constituciones de los Misioneros del Espíritu Santo, el hermano Moisés y el padre Domingo tuvieron que esperar otro año más para hacer la profesión religiosa debido a que monseñor Ibarra había escrito a Roma pidiendo dispensa (sanatio in radice) por todas las irregularidades habidas en el Noviciado, no solo por ser los principios de la Congregación, sino sobre todo por la persecución religiosa que había obligado a los diversos cambios de casa, y a las ausencias forzadas del padre Félix Maestro de Novicios. Como la naciente Congregación carecía de superior, en este documento también monseñor Ibarra pedía la facultad de recibir él mismo los votos del hermano Moisés y del padre Domingo o en su lugar que los recibiera un delegado.
Por tal motivo el día 4 de febrero de 1917, el hermano Moisés y el padre Domingo hicieron sus primeros votos religiosos. Fueron los primeros Misioneros del Espíritu Santo que profesaron, los primeros religiosos. Recibió los votos el padre Félix, pues monseñor Ibarra falleció el día 1o. de febrero.
La señora Concepción Cabrera de Armida en su Cuenta de Conciencia anota:
Y hoy día 4 de febrero, Aniversario de que conocí al padre Félix, fui al “Oasis”, a presenciar en la Capilla -Corazón, de las Religiosas de la Cruz los primeros votos de los Religiosos de la Cruz, que cumplieron sus dos años de noviciado el día 25 de diciembre. ...
Fue realmente providencial que el padre Félix recibiera los votos de sus primeros religiosos en esa fecha tan memorable del día 4 de febrero, al cumplirse catorce años de que le reveló la señora Armida que él era el elegido por Nuestro Señor para que fuera el Fundador de la 5a. Obra de la Cruz, la Congregación de los Sacerdotes de la Cruz, como se llamaron en un principio hasta que el Papa Pío X, les cambió el nombre por el de Misioneros del Espíritu Santo, cuando dio la aprobación para la fundación, (25 de diciembre de 1914).
El padre Félix en el libro de Actas página No.1 escribió:
Acta No.1 -"MOISES DE- JESUS".- (Moisés Lira y Serafín de Puebla). El suscrito Pbro. de la Sociedad de María, en virtud de la Delegación que recibí del Ilmo. y Rvmo. Señor Arzobispo de Puebla, Doctor D. Ramón Ibarra y González con fecha del 24 de enero de 1917, delegación que me dio en virtud de las facultades que recibió él mismo de S. Em. Rma. el Cardenal Falconio, Prefecto de la Congregación de Religiosos, por documento del 1o. de diciembre de 1916, recibí los primeros votos del Hermano MOISES DE JESUS, en la Capilla de las Religiosas de la Cruz, Calle del Cedro No.167, en presencia de los novicios. México, 4 de febrero de 1917". (Rubricado): Félix Rougier, S.M. Pbro. (Rubricado): Moisés de Jesús MSPS. Un sello que dice: Congregatio Missionariorum Spíritus Sancti".
El Acta anterior demuestra una vez más que, Moisés fue la primera vocación, el primero que dio su nombre para la fundación, el primero en llevar la vida como Misionero del Espíritu Santo, pues el padre Félix aunque era el Fundador estaba prestado por su Congregación de la Sociedad de María y pasó a la Congregación por él fundada hasta el año de 1926, haciendo sus votos como Misionero del Espíritu Santo el 27 de marzo, por lo que la víspera, lleno de entusiasmo, escribe a Moisés una carta:
Muy amado hijo: acabo de recibir de SS. Pío X el permiso tan ardientemente deseado. Mañana Dios mediante haré mis votos perpetuos en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. He querido avisar sin demora a mi primer compañero. ...
Comentarios
Publicar un comentario